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Fiesta del 11º Aniversario de la Real Crónica de Su Majestad Louis XIII

- ¡Estos malditos carruajes cada vez los hacen más incómodos! - Protestó le Comte d'Ille tras unas interminables 11 horas de viaje cuando alcanzó a ver a René Boilot vestido con su flamante uniforme de Brigadier. Este miró disimuladamente su carruaje, que iba a hacer el relevo, y prefirió cambiar de tema.
- No os preocupéis, tendréis tiempo de descansar esta noche, puesto que los secretarios no nos esperan hasta mañana en su casa de campo. Un recién llegado a la capital, Vivien Lebron, ha sabido de vuestra llegada y ha dispuesto su residencia para acomodaros.
- Ni lo soñéis, al menos por ahora. Necesito tomar algo de aire fresco, hace tiempo que no veo el mar, que creo que no está muy lejos de aquí.
- Como deseéis. Cerca de aquí, Jean Parrot posee una villa junto a la playa, seguro que estará encantado de contar con nuestra compañía.
- De acuerdo, pedid a vuestros criados que cambien de carruaje mis pertenencias y partamos de inmediato. Por cierto, hace tan sólo un año me recibíais siendo un suboficial, y ahora ya empezáis a tomar decisiones en el generalato, su Eminencia debe estar muy orgulloso de vos.
- Bueno, ya sabéis que nuestro querido Cardenal no es muy pródigo en palabras en cuanto a agradecimientos se refiere, considera que aún soy muy impulsivo y que tomo excesivos riesgos en el frente. Pero como veis, son muchos los frutos que recojo de esta actitud.
(Le Comte d'Ille no hizo ningún comentario a esta aseveración).

La visita a Badalone fue corta, pero suficiente para que Jean Parrot desplegara sus grandes dotes de hospitalidad. También trató de convencer al Comte para que adquiriera algunos terrenos en esta localidad, puesto que tanto este como M. Boilot quedaron prendados por la belleza de sus damas y la suavidad de que dota el mar al clima local. Ambos invitaron a Parrot a que se uniera a ellos al día siguiente en la celebración que se realizaría en Villeneuve con motivo del 11º Aniversario de la Real Crónica. Sin embargo, la razón por el cual Parrot se encontraba en su residencia familiar no era otra que recuperarse de un doloroso accidente de hípica y su aceptación quedó supeditada al estado en que se encontrase al día siguiente.
Grande fue la sorpresa de M. Boilot y M. Lavoisier cuando, a la llegada a los terrenos de Vivien Lebron, pudieron observar que era la antigua residencia de verano del fallecido Coronel de la Guardia del Cardenal M. du Lit, adquirida en el remate de sus propiedades.

A la mañana siguiente, y en dos carruajes, puesto que nuevamente le Comte d'Ille se había empeñado en traer a varios de sus criados junto con los ingredientes de la fastuosa comida que se celebraría a continuación, la comitiva partió hacia Villeneuve. El viaje se produjo sin los incidentes del año anterior, puesto que la buena memoria de M. Boilot y las excelentes indicaciones dadas por los secretarios a su cochero les permitió llegar con relativa puntualidad.
El joven Tirs d'Abril, hijo de uno de los Reales Secretarios como su nombre deja adivinar, acogió a los invitados con generosa hospitalidad y pronto hicieron acto de presencia los secretarios reales Tirs d'Abril y Marc Bardine en compañía de Dominique Sanglant. Afortunadamente, para tranquilidad de los secretarios, ningún mosquetero pudo acercarse a Villeneuve en esta ocasión por lo que no se tuvo que lamentar ningún incidente con este cardenalista de lengua mordaz.
Se lamentaron las ausencias de algunos caballeros que por diversos motivos no pudieron asistir a la barbacoa, como Clement de Cazotte o Laurent de Boissier. No obstante la que dio más que hablar a los invitados fue la de Jean Parrot, que pese a haberse disculpado por los dolores de su reciente accidente, fue visto por uno de los reporteurs de los secretarios supervisando el trabajo de los empleados de su padre. Sin duda, M. Parrot tendrá que dar muchas explicaciones al respecto.
Durante el almuerzo y la larga sobremesa que siguió a este, Tirs d'Abril padre, Marc Bardine, Denis Lavoisier, René Boilot, Dominique Sanglant, Vivien Lebron y Tirs d'Abril hijo charlaron acaloradamente sobre diversos temas, tales como los últimos avances científicos, las funciones de nuestros ministros sin cartera o los duelos y el edicto que los prohibe, la guerra contra España, la muerte de nuestro Mariscal y Ministro de Guerra, así como la infatigable aunque no excesivamente eficaz persecución del Arzobispo du Heyn a los traidores a la corona fueron otros temas muy aludidos. No faltaron tampoco ciertos comentarios a veces inocentes y otras sarcásticos acerca las circunstancias de la muerte del Comte de Saint Ruy y quienes se podrían beneficiar de ella, que ofendieron enormemente a M. Lavoisier aunque tras las disculpas correspondientes no pasaron a mayores.
También fue inevitable, pese a los cuidados que todos los caballeros mostraron para ser discretos, que algunos reporteurs llegaran a escuchar trazos de algunas conspiraciones e intrigas que generaron los invitados durante toda su estancia en la campiña. A Vivien Lebron, pese a ser un recién llegado a la capital se le vio muy activo en todas ellas, sin duda, este caballero dará mucho que hablar en los próximos meses.
Tirs d'Abril, hijo, fue animado por todos los invitados para presentarse ante la sociedad parisina y curtirse en ella antes de heredar la redacción de la Real Crónica de Francia. No obstante, nadie cree que esto suceda pronto ya que su padre no dio durante todo el evento una sola muestra de cansacio o aburrimiento ante su labor de anfitrión.
Poco a poco los invitados fueron despidiéndose, prometiendo repetir la experiencia en cuanto fuera posible. Todos fueron invitados a pasar la noche allí, pero tan sólo Le Comte d'Ille y el Brigadier Boilot abusaron un poco más de la generosidad de los secretarios. "No podemos dejar solos a los cronistas ante la complicada labor de acabar con los manjares que aún llenan las despensas", se les oyó explicar a ambos.

Como bien reflejan las pinturas, por la noche Tirs d'Abril padre e hijo, mostraron a los curtidos militares un juego de simulación estratégica que hizo las delicias de ambos. Traído desde el Extremo Oriente como regalo a los secretarios de la Emperatriz de Japón, habitual lectora de las crónicas francesas y según se comenta veladamente en la corte algo más que una amiga de nuestro cronista real, en él sus participantes debían hacerse con el poder de las islas de esta nación haciendo un uso eficaz de sus recursos y ejércitos. Tras arduos combates, secretas intrigas y genuinos detalles de los anfitriones como la degustación de una sopa de la misma procedencia que el juego, haciendo gala de su veteranía en en este tipo de asuntos, le Comte d'Ille se proclamó "Shogun" pese a la férrea resistencia de los demás jugadores. "Ha sido como la vida misma. Por momentos me ha recordado a las sesiones del generalato, aunque eso sí, mucho menos aburridas y sin tener que soportar las admoniciones de Su Eminencia", explicó Lavoisier con cierta complicidad no muy bien acogida por Boilot.

A la mañana siguiente, le Comte d'Ille y Tirs d'Abril se vieron gratamente sorprendidos al observar que la curiosidad que ambos sienten por esa lejana nación va más allá de un simple juego y llega incluso a los cómodos trajes que ambos lucen en las pinturas que acompañan esta crónica. Aprovechó entonces nuestro cronista para deleitar a sus invitados con un almuerzo japonés, basado en "tempura", un manjar que además saciar, entretiene, puesto que deja la última parte de su preparación en manos de los comensales para disfrutarla en el mismo instante que sale del fuego.

Poco más se puede destacar de esta nueva reunión de nuestros parisiens, salvo el más profundo deseo por parte de todos los participantes de que en ocasiones posteriores se prepare con más antelación para consensuar las apretadas agendas de los suscriptores.

He aquí las obras maestras del pintor contratado para la ocasión; pulsa sobre ellas para verlas ampliadas.

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De nuevo le Comte nos deleitó con sus habilidades culinarias.
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Dominique Sanglant y Jean Cricton se relajan en los cómodos sillones de la finca.
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...no tardando en unírseles Vivien Lebron.
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El Real Secretario, absorto en la preparación del fuego.
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No faltaron durante la comida los duelos regimentales...
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Un detalle de las suculentas viandas ofrecidas en el banquete.
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Por la noche se probó un curioso juego de estrategia militar procedente de Oriente.
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Otra vista de la simulación bélica ambientada en Japón.
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Un detalle de las figuritas de rico marfil utilizadas en la batalla simulada.
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A la mañana siguiente, el Real Secretario y Le Comte d'Ille mostraron al resto de los asistentes cómo son las ropas de aquellas tierras lejanas.
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Le Comte d'Ille se prepara para seguir viaje.
 
 

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