Preux et audacieux: Una partida de En Garde!®por e-mail

 

REAL CRÓNICA DE MARZO DE 1651
(Número 296)

Una vez más, como siempre, nunca sabrá nadie lo que ha pasado.
El Ministro de Estado (ficticio)

ECOS DE SOCIEDAD


Primera semana

El Théatre Royale bulle de animación. Todo el mundo habla de lo mismo: la obra que, tras un largo período de gestación, ha escrito Edmond Narcis d'Estrées, y que dicen que levantará ampollas en las conciencias de todo París. El autor, para homenajear a sus amigos, ha alquilado un palco, donde recibe a sus invitados acompañado de su dama, interesándose ambos por sus gustos y afinidades. Acuden André du Guerrier, Cael de Rouen, Eric Wirdheim, Ch.d'H., Jacques de la Touche y Pierre Dubois. El anfitrión se dirige a ellos:

-Caballeros, espero de corazón que la obra les agrade. Si no es así, quedaré en deuda con todos ustedes. Les emplazo para celebrar el estreno la cuarta semana en mi club: si es un éxito brindaremos por ello, y si fracaso ya encontraremos una buena razón para brindar.

»Monsieur du Guerrier, os agradezco especialmente que hayáis aplazado vuestra partida para asistir al estreno. Y lamento no poder gozar de vuestra compañía en la fiesta de la cuarta semana. Espero que a vuestro regreso podamos tener la oportunidad de conocernos mejor. Si os parece bien avisadme con tiempo para preparar una velada en mi club el mes que volváis. Y ahora, si me permitís, la obra va a comenzar...

La obra en tres actos, tragicomedia, versa sobre las vicisitudes de un personaje en París. Es una critica social y política en tono de humor, pero mostrando la cruda realidad de todos los estamentos sociales. Desde el criado que hurta a su amo, el boticario que adultera las fórmulas del médico para tener más beneficios, el pastelero que usa carne de ratas, el bodeguero que agua el vino, el oficial que revende las armas, la pólvora y todo lo que puede del cuartel, el juez que encarcela a un inocente para quitarle a su mujer, el gobernador que se lleva el dinero, el obispo que envenena al cardenal para optar a su puesto, el ministro que prevarica...

Al protagonista nunca se le ve el rostro durante toda la representación: a veces está de espaldas, a veces sin iluminación, o con un sombrero de ala ancha que le tapa el semblante. Durante toda la obra intenta denunciar y dar parte de las fechorías que va encontrándose, sin obtener ningún resultado. A medida que va subiendo la escala social de los implicados, el protagonista va sufriendo impedimentos o accidentes, a veces ataques o desgracias, que con suerte va sorteando a duras penas creándose situaciones cómicas o hiperbólicas.

Como su constancia y determinación en querer denunciar los atropellos e injusticias es pertinaz, acaba siendo secuestrado y lo llevan encapuchado a una celda de la mismísima Bastilla. Antes de ir mas allá, sus captores quieren conocer hasta qué punto tiene conocimiento sobre las tropelías más infames del propio Estado y es interrogado intensamente: maniatado en una silla y encapuchado, va explicando con pelos y señales toda la trama delictiva. Son tantos datos ciertos, que incluso los instructores del interrogatorio se sobrecogen al reconocer algunos de los hechos que el detenido relata. Sin duda está en peligro la Corona.

-¿Y estáis seguro de que es él el cabecilla de la trama?

-Sin duda alguna. Tengo varios documentos que así lo acreditan y hay numerosos testigos de ello- contesta el interrogado con una serenidad inaudita.

-¡Ya basta!

El Ministro de Estado, que ha permanecido apartado hasta entonces, interviene acercándose al reo. Con un gesto impetuoso arranca el capuchón al sujeto maniatado. Entre el público se oyen gritos de asombro, pues el prisionero no es otro que Edmond Narcis d'Estrées, que en el último entreacto abandonó discretamente el palco y se dirigió a bambalinas a sustituir al actor principal. Hay que decir que D'Estrées es un actor formidable, porque su interpretación es creíble hasta el punto de poner los pelos de punta:

Poco a poco va acostumbrando sus ojos a la luz de la celda. Han sido muchas horas con la cabeza tapada. Empieza a recordar aquellos muros tan familiares, sin duda está en la Bastilla. Edmond Narcis d'Estrées recuerda las veces que estuvo en esa misma celda, pero ni siquiera su archienemigo Lemaitre llego a maniatarlo nunca. Mira fijamente al Ministro de Estado, que ante su mirada retrocede y se pone tras él. El Ministro saca una pistola, y sin dudarlo dispara acercando el cañón del arma a la cabeza. El disparo hace sobresaltar a todos, y se oyen gritos de algunas damas.
Por el impacto, el cuerpo y la silla han salido disparados. Edmon Narcis d'Estrées yace en el suelo inerte, totalmente inmóvil.
El Ministro de Estado sonríe triunfalmente. Exclama satisfecho:
"Una vez más, como siempre, nunca sabrá nadie lo que ha pasado."
Su malévola carcajada inunda el teatro.

El telón cae, dando fin a la representación. Gran parte del público aún está impactado por la escena final, pero muchos son los que ya empiezan a aplaudir. Al poco rato, con los actores en escena recibiendo los aplausos del público, el autor pide que salgan todos los componentes de la compañía, tramoyistas, apuntador... para que todos reciban la aprobación y entusiasmo de los asistentes. Finalmente, d'Estrées pide que salga su dama, para agradecerle su apoyo durante el largo período de escritura de la obra.

Sin duda es una obra que dará que hablar. Pronto sabremos si esta pieza de crítica social mordaz y no exenta de humor, pese a la tragedia final, es capaz de ser del agrado del público de París.

* * *

Esa noche, Edmond Narcis d'Estrées le da permiso a su criado para irse a descansar temprano. "La emoción me ha despejado y me sera difícil conciliar el sueño, creo que aprovecharé para preparar toda la documentación para la tercera semana. Por suerte me he traído casi todo lo concernientes a los casos. Debo aprovechar al máximo el tiempo para que no me quede ni un sólo cabo suelto... es crucial no dejar nada a la improvisación...". Y, finalmente, da orden a su criado de que la semana siguiente le vaya a buscar toda la documentación que falta y la traiga a la casa. "Aquí trabajaré más tranquilo", comenta.


* * *


Segunda semana

Alexandre de l'Oie se encontraba tranquilamente en Les Chasseurs, disfrutando de un vino. "A veces prefiero estos momentos tranquilos al bullicio de las noches de fiesta", pensaba.

¡¡¡BOOOOOM!!!

Una tremenda explosión sacudió todo el club. Algunas botellas cayeron de la estantería donde reposaban. El encargado del establecimiento salió sobresaltado de su semisomnolencia y se precipitó a la puerta, seguido del propio Alexandre de l'Oie. "¿Qué ha pasado?", se preguntaron los dos casi al unísono.

El espectáculo no podía ser más dantesco. Al final de la calle, el edificio de la esquina había quedado reducido a una pira de llameantes escombros. Caballero y hostelero, junto con una multitud de personas, contemplaban la escena en mudo horror. Hasta que al final alguien acertó a preguntar:

-¿Esa no era la casa de Edmond Narcis d'Estrées?


* * *

Tercera semana


"Esta vez no se me escapa".

Quien así pensaba no era otro que Jacques de la Touche, que seguía el carruaje de Charlotte Pézet a discreta distancia y sonrió al ver que se detenía en la entrada al jardín de les Tuileries. Al poco, la dama bajó, escoltada por una anciana de aspecto severo que habría supuesto una señal de peligro para cualquiera excepto para el imprudente De La Touche.

Y efectivamente, en cuanto Jacques de la Touche se cruzó en el camino de las dos mujeres e inició una reverencia haciendo molinete con su sombrero, recibió un certero bastonazo en la cabeza. "¡FUERA DE AQUÍ, MASTUERZO!" fue todo lo que pudo oír. La dama de compañía, o más bien el sargento de Dragones disfrazado de dama de compañía, según pensó luego De La Touche, la emprendió a sombrillazos con él hasta ponerlo en fuga, entre las carcajadas del resto de paseantes.

Más suerte, y más paciencia, tuvo Pierre Dubois: habiendo visto que Magdalène Vien entraba en Les Tuiles Bleues, sobornó al portero no para que le dejase entrar, sino para que le sacase una copa de vino para amenizar la espera en el exterior. Finalmente su paciencia se vio recompensada: la dama salió, y Pierre Dubois la abordó de inmediato. A base de ingenio y de hacerla reír, consiguió seducirla y ahora puede preciarse de haber conquistado los favores de la bella. Enhorabuena a la nueva pareja.

* * *

Cuarta semana

La cuarta semana fue Armand de Tourbillon quien decidió ir a ver la obra, sensación del momento, y la verdad es que salió francamente impresionado. Evidentemente, Edmond Narcis d'Estrées ya no sustituia al actor principal en la escena final, pero el efecto era igualmente impresionante.

Por otro lado, Alexandre de l'Oie consiguió entablar conversación con Charlotte Pézet en el parque. ¿Veremos una pareja más en París? El tiempo lo dirá.

* * *

Esta última semana también vino marcada por la fiesta que Edmond Narcis d'Estrées había dejado preparada en L'Epée D'Or. A pesar de los acontecimientos de la segunda semana, las invitaciones se cursaron y llegaron, lo que hico pensar a los invitados que quizás se trataba de algún golpe de efecto del excéntrico caballero, y éste aparecería sano y salvo en algún momento. Sin embargo no fue así, y fue su dama quien anfitrionó la fiesta, explicando que él le había dicho que, en caso de que algo saliera mal o no pudiera asistir (durante toda su vida había tenido tantas detenciones, imprevistos, etc., que no seria nada extraño), era su deseo que todos los invitados celebrasen la fiesta en su honor y en el del estreno teatral como si él estuviese presente. Acudieron Cael de Rouen, Eric Wirdheim, Ch.d'H., Jacques de la Touche y Pierre Dubois con su dama.

Durante la celebración, menos animada que de costumbre, llegó un criado con un paquete, como presente de felicitación de la obra, a nombre de D'Estrées y de Mussette. Lo abrió ella, y encontró en su interior una bonita boina color de rosa con un lazo amarillo. La dama no pudo evitar romper a llorar, mientras el resto de los presentes intentaba consolarla.


* * *

La cortina de lluvia oculta prácticamente el paisaje, pero el jinete parece no notarlo. Cabizbajo, sigue un camino invisible bajo el aguacero que parece llevarle ante un poste indicador, en una encrucijada. El jinete se yergue, ajeno a la torrencial lluvia, y mira las señales. Izquierda, Carcassone. Derecha, Marsella. Así permanece un rato hasta que su montura, resoplando sonoramente, reclama su atención. El hombre suspira y, tras susurrarle algo al oído, empieza a guiar a la bestia hacia la izquierda. Pero apenas han avanzado unos metros, el hombre vuelve la vista al poste. Se mantiene así, alejándose, hasta que finalmente detiene a su montura. Palmea el costado de la impaciente criatura, y rindiéndose a la evidencia y tras mascullar un improperio, la hace recular y ambos toman el camino de la derecha. El aguacero sigue cayendo, impertérrito.

* * *


EL CABALLERO DEL MES

El título de Caballero del mes queda
 

DESIERTO
Curiosamente, nadie ha votado este mes por este título.

EL PATÁN DEL MES

Sin embargo, el título de Patán del mes sí ha recibido votos, y la victoria ha sido ajustada. El ganador es:
 

Edmond Narcis d'Estrées
Por no saber retirarse a tiempo y seguir acumulando poder.

ANUNCIOS DE PRESENTACIONES A CARGOS

  • Jacques de la Touche anuncia que se presentará a Mayor de Brigada (M15)

* * *





CARGOS PARA EL MES DE ABRIL
CargoRequisitosN.S. mínimoQuién nombra
Jefes de DivisiónTte.General o superior 8Aide General
Aides de Ejercito Coronel 5Jefes Ejercs.
Mayores de Brigada Mayor 3Jefes Bgdas.
Quartermasters Brigadier General 6Jefes Ejercs.
Admin. diocesano Obispo 12Cardenal

CARGOS PARA EL MES DE MAYO
CargoRequisitosN.S. mínimoQuién nombra
Aides de Division Teniente Coronel 4 Jefes Divis.
Ayte. del Cardenal Obispo 12 Cardenal

* * *

AGRADECIMIENTOS

A Jordi, por la crónica sobre el estreno teatral y la explosión.

A Enric, por la pequeña escena final de la partida bajo la lluvia.

NOTAS DE LOS ÁRBITROS

Una aclaración sobre los lazos amarillos: Aunque en estos tiempos podrían levantar suspicacias políticas, recordemos que el personaje Edmond Narcis d'Estrées los utilizó en la partida mucho antes de que se adoptaran como símbolo en Cataluña. Por lo tanto, no los descontextualicemos dentro del juego. También hay que decir que su origen se remonta a la guerra de sucesión española (1701-1715), donde los partidarios del Archiduque Carlos de Austria lo adoptaron como su símbolo. Desconozco si las entidades soberanistas catalanas (que no los partidos; ésos se apuntaron después al carro) los adoptaron precisamente por eso, como símbolo de oposición a la monarquía borbónica.

FECHA LÍMITE PARA EL PRÓXIMO TURNO

El plazo de entrega del próximo turno finaliza el viernes, 4 de mayo de 2018, a la medianoche (hora española peninsular).

¡Hasta pronto!

PrincipalVolver a la página principal.


®"En Garde!" es una marca registrada de Margam Evans Limited