Preux et audacieux: Una partida de En Garde!®por e-mail

 

REAL CRÓNICA DE DICIEMBRE DE 1644

Al alba y con viento fuerte de Levante... No, esperad. Eso es otra cosa.
Christian Brass de Creville

ECOS DE SOCIEDAD

Primera semana

Nula actividad social durante esta primera semana, seguramente a causa de la ventisca y tempestad de nieve que ha asolado París casi sin interrupción día y noche. Aguantando estoicamente el temporal, las numerosas patrullas dispuestas por el Comisionado de Seguridad Pública, por todo París pero muy especialmente en el bosque de Vincennes, daban la sensación de que algo estaba a punto de ocurrir. Pero no fue el caso, y prácticamente todo el mundo decidió quedarse en casa, a excepción de unos pocos caballeros osados que desafiaron el temporal para ir al teatro o a practicar esgrima.

* * *

Hay hombres que luchan un día
y son buenos.
Hay otros que luchan un año
y son mejores.
Hay quienes luchan muchos años
y son muy buenos.
Pero hay los que luchan toda la vida:
ésos son los imprescindibles.
 
Hibou

Segunda semana

Igualmente muy poca actividad durante la segunda semana. Destacaremos, ya en domingo, la visita de Joss Len Beaumont, Ch.d'H. y su dama a la Cofradía, donde departieron con Rene Saint-Cyr y realizaron un importante donativo.

Tercera semana

Una tenue llovizna caía a primera hora de la mañana. Los primeros haces de luz se filtraban entre las frondosas copas del bosque de Vincennes. Las minúsculas gotas posadas sobre hojas y ramas descomponían los rayos de sol en numerosos y pequeños arco iris por doquiera de las inmediaciones del bosque. Ese juego de luces y colores componía una armoniosa sinfonía visual, que acompañaba a los distintos grupos de personas diseminados por el lugar.

Un grupo nutrido, constituido por Cadetes de Gascuña, acompañaba a Cyrano de Bergerac, uno de los padrinos de Christian Brass de Creville, que sonriente y muy tranquilo caminaba a su lado, como si se tratase de un plácido paseo campestre.

Jean Parrot, el otro segundo de Christian, les esperaba ya desde primera hora: "Vos siempre madrugador, querido amigo", y fundiéndose en un abrazo Christian le agradeció su estimable ayuda.

-Y vos siempre tan animado y destilando alegría, querido Christian; siempre organizando eventos... ¿Qué haríamos en París sin vuestras bien organizadas veladas?... Le contestó el marsellés divertido.

-Vuestras fiestas son más amenas Jean, confío me permitan asistir a la de esta semana... -apostilló Christian sonriendo.

Tras excusarse con sus padrinos, Christian Brass de Creville se fue acercando a todos aquellos caballeros que conocía y a quienes él mismo había solicitado su presencia. Muy tranquilamente les fue saludando uno a uno agradeciendo su asistencia, y haciendo gala de su buen humor tuvo unas palabras para cada uno de ellos. Luego se reunió con sus padrinos, y mientras Jean Parrot se adelantó unos pasos para otear el horizonte, Cyrano y Christian conversaron en voz queda, disfrutando del momento.

La guardia, algo alejada, observaba el lugar, y todos los asistentes guardaban silencio a la espera de algún acontecimiento.

-¿Sabéis que no vendrá, verdad?- Christian se volvió sonriente hacia Cyrano como única respuesta, provocando una fuerte carcajada en éste, que hizo girarse a Parrot y observar la diversión de los dos amigos.

Cyrano prosiguió: -Ese hombre ha cometido delitos más graves que el tener un duelo públicamente, pero siempre se supo inmune, que los podía cometer impunemente sin tener que pagar por ellos... Pero sabe que este pequeño "desliz" con la justicia no podía ni iba a pasarse por alto y os detendrían a ambos... Vos tenéis ese sentido estúpido de honestidad que asombra en nuestros días. Si hubierais tenido un duelo privado con el antiguo edicto contra el duelo, os habríais presentado y entregado a las autoridades por haberlo incumplido, ¿verdad, Christian?

Bien sabéis que sí Cyrano, aunque también habrían detenido luego a mi oponente, ¿no? -ambos rieron-. Un hombre debe asumir las consecuencias de sus actos y presentarse a la Justicia del Rey si ha tenido que incumplir las normas establecidas, aunque eso sea visto como estupidez. La honestidad se puede ver estúpida por aquellos que no dudan en ser deshonestos si con ello se benefician.

Cyrano muy divertido mira a su amigo: Debe estar rabioso ese retador vuestro... Tened cuidado...

Si, es un jabalí herido cegado por su ira.

Qué buen símil el vuestro, Christian: Cerdo, salvaje.... (rieron a gusto nuevamente) Pero andad con ojo amigo, ese animal anda herido en el orgullo, y si antes fue capaz de contratar a quien os apalease, ahora podríais aparecer muerto cualquier día en alguna esquina.

O con un andamio o viga sobre la cabeza, apostilló Christian mientras ambos seguían carcajeándose.

Las pupilas de Parrot se dilataron. Un carro tirado por dos caballos se acerca abriéndose paso entre los asistentes.

-¿Será Lemaitre? -susurraban entre los asistentes-. ¡Ha venido! -gritó una voz anónima.

Del carro bajó una única persona.

-Hoy estaba preparado para morir, Cyrano, lo sabéis. Como oí o leí a alguien alguna vez:

¡Morir, si! ¡Venderme, no!
Conmigo vais a acabar:
¡No importa! ¡La muerte espero
y, en tanto que llega, quiero
luchar... ¡Y siempre luchar!
¡Todo me lo quitaréis!
¡Todo! ¡El laurel y la rosa!
¡Pero quédame una cosa
que arrancarme no podréis!
El fango del deshonor
jamás llegó a salpicarla;
y hoy, en el cielo, al dejarla
a las plantas del Señor,
he de mostrar sin empacho
que, ajena a toda vileza,
fue dechado de pureza
siempre; y es... mi penacho.

Jean Parrot reitera las palabras de André du Calamar: "Joseph Lemaitre, Gobernador Militar de París, no puede participar en un acto deliberadamente ilegal como es un duelo público. Por tanto,como padrino, nos informa que no hace falta que esperemos más".

Ante tal comunicado Cyrano estalla en carcajadas: ¿Y cuando los duelos eran ilegales aun siendo privados si podía participar? La única diferencia es que no se le podía arrestar con las manos en el rapier...

Al oír las carcajadas de Cyrano y ver a los cadetes de Gascuña junto a Christian, André no pudo reprimir su impulso y con varias zancadas se acercó a la posición de Brass de Creville. Sin querer dirigirse directamente a él y en voz en grito para que se le pudiera escuchar lo más lejos posible:

-¡Messieurs, vengo a anunciar que el excelentísimo Ministro del bienestar, Gobernador militar de París y Mariscal de Francia le Viscompte de Noisy ve totalmente injustificada la posición que su contendiente Crhistian Brass de Creville ha tomado en este duelo. Al hacerse público y no rectificar en ello, declina su presencia ante el riesgo evidente de ser arrestado. Por ello, vengo a comunicarles que el duelo se da por acabado. Podeis hacer lo que queráis para dar por victorioso a este... a Creville!.

André du Calamar al ver la sonrisa de todos los presentes no pudo más, y aunque no quería en principio dirigirle la palabra a Brass de Creville, no pudo refrenar su ímpetu, y finalmente acercándose a el le dirigió unas palabras:

-Me pedisteis que os ayudara a entrar en un regimiento, y os ayudé. Os encarcelaron los españoles, y os liberé. En cambio, vos ni me quisisteis escuchar cuando os pedí cambiar el sitio del duelo. Veo que esto es lo que significa para vos la responsabilidad de un favor. Mas os vale que no necesitéis nada de mí porque sin duda no lo vais a tener.

Tras ello, André du Calamar intentó apartar a Christian Brass de Creville con un gesto de su brazo, pero éste con una fuerza inesperada cogió del brazo a Calamar arrastrándolo hasta él, y poniéndose frente a frente con él, casi tocándose ambas narices.

-Nunca vino mi amigo André a solicitarme nada, ni siquiera me pidió como amigo que hiciese algo. A mí sólo se dirigió el padrino de vuestro señor, a exigirme, mandarme y repetir el comunicado que le habían dictado. Si mi amigo André me lo hubiera pedido, incluso me habría dejado matar por quien fuese sin oponer resistencia. Pues mi amigo André hace las cosas por amistad y no por tener un haber con el que pedir cuentas y pasar a cobrarlas. No sé dónde se encuentra ahora mi amigo André, quizás se fue.

Se quedaron mirando fijamente durante unos segundos, André percibió una frialdad en los ojos de Christian que nunca antes había atisbado, algo realmente inusitado. Y con esa sensación y muy airado, se dio media vuelta dándole la espalda a Brass de Creville y volvió al carruaje, que partió raudo hacia la ciudad.

Vamos, caballeros. No perdamos más nuestro tiempo, ya nos ha arrebatado demasiado ese vizconde -aseveró Cyrano.

Todos fueron abandonando el lugar decididos a participar en una de las mejores fiestas de París.

Aun siendo diciembre, el sol había ganado fuerza sobre los aledaños al bosque de Vincennes. Una gran mañana que hacía presagiar un alegre final de año.

Cuarta semana

El carruaje cruzaba como una exhalación las calles de París en dirección a l'Epée d'Or. Su ocupante no acostumbraba a ser impuntual y por eso le sulfuraba llegar tarde a la fiesta, aunque únicamente fueran unos pocos minutos. Postrimeros asuntos de estado le habían retenido más de lo habitual, y eso le irritaba, y más cuando le devoraba una sincera curiosidad por ver qué habría estado tramando Parrot en l'Epée d'Or, dado que los informes recibidos al respecto apuntaban a un constante ajetreo durante la semana anterior en el club más lujoso de la ciudad. Y eso, unido a que le habían llegado los lamentos de algunos distinguidos caballeros al no encontrar hueco en dicho club para llevar a cabo sus celebraciones, era un aliciente para olvidar durante una noche sus obligaciones, públicas y familiares.

Así pues, tras detenerse el carruaje frente a l'Epée d'Or, Olivier d'Arzac se dirigió raudo al salón donde ya había empezado la celebración del marsellés, cortando con un gesto cualquier presentación o anuncio que el servicio del club quisiera hacer y le retardara más. Aún así, apenas cruzado el dintel de la puerta, un rejuvenecido Parrot apareció frente a él ofreciéndole una copa:

- ¡Olivier, bienvenido! No sabéis lo honrado que me hacéis con vuestra presencia, aunque me honraréis más si os quedáis lo suficiente para disfrutar de ella. Os veré luego, ahora sabréis disculparme... ¡mi dama espera!

Viendo alejarse al risueño caballero, el Barón de Muzillac se internó en la fiesta mientras degustaba el licor ofrecido. Aprovecharía que nadie le había anunciado para pasearse por los salones reservados por Parrot sin que nadie le atosigara o incordiara durante un rato, cosa que para variar sería de agradecer. Advirtió, además, que esas afrentas al buen gusto y al tacto social que tan a menudo protagonizaba el anfitrión le servirían positivamente por una vez, dado que entre los asistentes había una gran número de caballeros a los que no conocía personalmente, a pesar de que también veía allí viejos conocidos.

Prestó atención a la mesa central -rebosante de canapés, viandas y otras delicias culinarias- donde dos caballeros discutían vivamente con un eclesiástico acerca de cuál, de todos aquellos, era el mejor manjar. Mientras lo hacían, aprovechaban para engullir los que probaban y refutaban. Sonrió al escuchar los comentarios, los argumentos y las reflexiones que Emile Goulet, Ethan Villon y René Saint-Cyr intercambiaban encadenadamente como si de una clase de esgrima se tratara. La contundencia de Villon se enfrentaba con la retórica de Saint-Cyr, a pesar de que ambas quedaban parejas con el pragmatismo de Goulet. D'Arzac celebró más de una vez la inventiva derrochada por los caballeros.

Mientras el servicio de l'Epée d'Or reponía las bandejas vacías en la mesa central, el Barón de Muzillac volvió la atención al lado más alejado del salón. Allí, como si formara parte de la columna en la que se apoyaba estaba Joseph LeMaître, Mariscal de Francia, ajeno a su entorno e impermeable a las acometidas humorísticas con que el anfitrión le asediaba a ratos. Su semblante, serio y recto, sólo se relajaba momentáneamente tras tomar cortos sorbos de su copa, siempre llena. No obstante, siempre con secos monosílabos, declinaba una y otra vez cualquier invitación a la charla, al cotilleo o a la opinión sobre política o asuntos militares que se le formularan. Olivier d'Arzac agradeció no tener que estar en las tesituras actuales de su adversario político, otrora amigo, al que posiblemente tendría que entrevistar en breve.

Tales pensamientos se vieron cortados abruptamente al hacer acto de presencia en el salón un impetuoso André Du Calamar. El caballero, esgrimiendo una amplia sonrisa, acompañaba a la espléndida Cosette Lamoire despertando murmullos de admiración a su paso. Tras saludar él ostentosamente a los asistentes, se acercaron a la pareja anfitriona a presentar sus respetos.

El Primera Espada de Francia siguió a la pareja con la mirada mientras él encaminaba sus pasos a uno de los salones colindantes. Le había parecido escuchar el afinado de una orquesta. A medio camino, no obstante, interrumpió sin pretenderlo una animada conversación entre el Abad Robier y Lestat Du Pointlac, acompañado por Lili Montparnasse, su esposa, que les escuchaba atentamente. Parecían estar discutiendo sobre las distintas líneas editoriales de La Gaceta Ilustrada y el posicionamiento político de la publicación, si debía tenerlo. A pesar de no contar con la presencia de su editor, ausente, y tratarse de opiniones no vinculantes, el Abad Robier se mantenía impasible a los argumentos que se oponían a su concepción de moralidad inflexible que debía revestir a la publicación. Pero D'Arzac no puedo cerciorarse exactamente sobre todas las palabras y quién las pronunciaba, porque al percibir su presencia el grupo cesó la discusión y le ofrecieron sus respetos tal como exige el protocolo y es de recibo. Esto llamó la atención de los más cercanos, que repararon en el Ministro de Estado provocando que a los pocos minutos todos los asistentes supieran ya de su presencia en la fiesta.

Perdido el anonimato, y notando sobre él las miradas disimuladas de todo el mundo, Olivier d'Arzac se acercó a una mesa de servicio donde Joss Len Beaumont mostraba su pericia con los cuchillos a Marianne Bientôt, despedazando con finos y hábiles tajos un enorme lechón asado. Al advertir su presencia, la pareja le saludó ofreciéndole el mejor bocado, acto que él agradeció accediendo a ello con la total cortesía que se esperaba.

Y en esto estaban cuando, apareciendo de la nada, Jean Parrot subió a la mesa central y, copa en mano, reclamó un poco de atención a los presentes:

«Caballeros, damas, clero... Antes que nada, permítanme agradecerles una vez más su asistencia a esta fiesta. Estoy convencido que sólo una inexplicable condescendencia hacia mi persona les habrá apartado de sus quehaceres y sus propias celebraciones... aunque claro, habiendo reservado para ustedes más de la mitad de l'Epée d'Or poco les quedaba donde elegir [Carcajadas generalizadas]. Sea como sea, les agradezco su asistencia.
   »Finaliza un año convulso, como todos habrán comprobado, en el que Francia retoma nuevos bríos de la mano de unos dirigentes ansiosos por superar a sus predecesores. Parece que nunca antes habíamos estado tan seguros en nuestras propias casas. También nuestros ejércitos se han visto fortalecidos, de cara a salvaguardar Francia de los enemigos exteriores, con los últimos ascensos y los últimos movimientos fronterizos. Así pues, los grandes poderes estabilizan Francia y la preparan para encajar con éxito su inminente futuro, a la espera de que nuestro monarca ocupe su lugar en él.
   »En cambio, en París, las relaciones personales entre caballeros parecen ir tensándose paulatinamente, hecho que no ayuda en nada a lo anterior. Caballeros, mírense. ¿Tan mal estamos? ¿Tanto rechazo nos provocan nuestros pares? ¿De verdad queremos iniciar una oleada de venganzas personales que enfrente a unos contra otros? Y de no quedar más salida que hacerlo, ¿de verdad pretendemos limpiar las ofensas ensuciando nuestra propia esencia?
   »Caballeros, no pretendo aleccionarles -ni lo conseguiría- en una noche festiva como esta. Sólo espero que sigan disfrutando de la velada, y que aprovechen ahora, que se abrirán los salones del juego, el baile y la bebida, para hablar unos con otros, relajarse, divertirse, conocerse... Piensen en mis palabras y aprendan del pasado. Acabaré con un brindis que espero podrán secundar sin recurrir al acero: ¡Por el Rey y por Francia! ¡Por el nuevo año!»

Tras las palabras de Parrot, el Ministro de Estado observó que las puertas que comunicaban aquel salón con los colindantes se abrían. En uno, una orquesta empezó a interpretar algunas de las canciones más populares y de moda, atrayendo a los caballeros que intentarían estar al nivel de sus damas. En otro, varias mesas de juego se disponían alineadas para arriesgar en ella posesiones y buen humor. En el más cercano, una colección de botellas de todo tipo, tamaño y forma se desplegaba en un abanico multicolor, atrayente para cualquier amante de los buenos vinos y licores. D'Arzac asintió ante el buen trabajo efectuado por el marsellés, y advirtió que todos los asistentes se desperdigaban por los salones, en función de sus preferencias. Bien, todos no, puesto que tras acabar el discurso Joseph LeMaître abandonó su columna y salió del salón principal sin despedirse de nadie.

Apenas unos minutos después hacían acto de presencia unos de los más esperados en la fiesta: Christian Brass de Creville acompañado por una Charlotte Pézet más radiante que nunca, y no sin razón: lo que auguraba ser una semana funesta con el duelo de su amado Christian se había trocado en la asistencia a una fabulosa fiesta. Estaba pletórica, dichosa y orgullosa, asida al brazo de su estimado caballero. Siguiendo a la pareja, como si se tratara de una comitiva, sus habituales y variopintas amistades. A petición de Cyrano de Bergerac, que se contaba entre los acompañantes del recién llegado, se decidió jugar a la gallinita ciega, propuesta muy celebrada por las damas. Y fue el propio Cyrano el que lamentó no poder contar con el retador de Christian Brass de Creville para que hiciera de gallinita. El propio Christian le respondió pidiéndole, siempre sonriendo, que no hiciera leña del árbol caído, "no deberíamos recriminar la gran "coqueterie" del vizconde, pues quizás no habría encontrado un traje apropiado para el encuentro". Todos rieron y disfrutaron del juego, sobre todo las damas.

El Barón de Muzillac les ignoró divertido mientras les veía dirigirse al salón de bailes, respondiendo a su paso los comentarios y preguntas que, sobre su publicitado duelo, formulaban algunos asistentes. Él, no obstante, consideró ya por finalizada la velada y pensando en regresar a sus obligaciones, apuró su copa y encaminó sus pasos a la salida.

Abrigado, y esperando a su carruaje, advirtió a Parrot a su lado tendiéndole una pipa humeante y fingiendo cara de sorpresa:

- ¡Olivier! ¿Marcháis ya? Lo habréis pasado bien, espero... En fin, ¿qué os parece si antes de volver a vuestras muchas obligaciones os fumáis una pipa conmigo? ¿Por el pasado, o simplemente para combatir el frío? Vamos, los pedacitos de Francia que estáis recomponiendo no se despegarán si os demoráis un poco más en regresar a vuestro despacho... Además, allí dentro, Brass de Creville está organizando un juego en el que participan gallinas, ciegos, vizcondes si los hubiera y multitud de damas con sus acompañantes... ¡No me obliguéis a volver!

Olivier D'Arzac, Ministro de Estado y Barón de Muzillac, sonriendo ante la ocurrencia del siempre ambiguo marsellés, aceptó la pipa.

NOMBRAMIENTOS HABIDOS ESTE MES

  • André du Calamar ha sido nombrado Ministro de Humanidades.

ANUNCIOS DE PRESENTACIONES A CARGOS

  • André du Calamar anuncia que se presentará a Ministro de Estado.
  • Julius Kern anuncia que se presentará a Ministro de Estado.
  • Joss Len Beaumont, Ch.d'H. anuncia que se presentará a Ministro de Estado.
  • Le Baron de Lemaitre anuncia que se presentará a Ministro de Estado.
  • Jean Parrot, Ch.d'H. anuncia que se presentará a Ministro de Estado.
  • Lestat de Pointlac anuncia que se presentará a Ministro de Estado.
  • Le Baron d'Arzac anuncia que se presentará a Ministro de Estado.
  • André du Calamar anuncia que se presentará a Ministro de la Guerra.
  • Julius Kern anuncia que se presentará a Ministro de la Guerra.
  • Joss Len Beaumont, Ch.d'H. anuncia que se presentará a Ministro de la Guerra.
  • Le Baron de Lemaitre anuncia que se presentará a Ministro de la Guerra.
  • Jean Parrot, Ch.d'H. anuncia que se presentará a Ministro de la Guerra.
  • Lestat de Pointlac anuncia que se presentará a Ministro de la Guerra.
  • Le Baron d'Arzac anuncia que se presentará a Ministro de la Guerra.
  • Fray Bernard anuncia que se presentará a Vicario.

CARGOS PARA EL MES DE ENERO
CargoRequisitosN.S. mínimoQuién nombra
Ministro de Estado General o Comte12 Rey
Ministro de la Guerra Tte.Gral. o Viscomte12 Rey
Rector Cura6Vicario


CARGOS PARA EL MES DE FEBRERO
CargoRequisitosN.S. mínimoQuién nombra
Ministro de Justicia Brigadier o Baron 8 Min.Estado
Canciller de Finanzas Brigadier o Baron 10 Min.Estado
Comis.Seguridad Publ. Coronel o Chevalier 6 Min.Estado
Maréchal de FranceGeneral o superior 12 Rey
Inspector Gral.Infant. Tte.General o superior 10 Min.Guerra
Inspec.Gral.Caballeria Tte.General o superior 12 Min.Guerra



NOTAS DE LOS ÁRBITROS

Como la mayoría de los que jugáis sabéis, el propósito original de los juegos de rol era jugarlos sentados todos, árbitro (o Director de Juego) y jugadores, alrededor de una mesa. Sin embargo, tanto la distancia geográfica como la falta de tiempo suponen serias limitaciones para esta forma "tradicional" de jugar, de modo que para muchos (entre ellos yo mismo) jugar a rol sentado a una mesa es ahora un mero recuerdo. Por suerte, las que vulgarmente se llaman "nuevas tecnologías" han venido en nuestro auxilio y, gracias a la magia del correo electrónico, la idea de organizar una partida a distancia que tuve hace veinte años (¡!) se convirtió en una realidad: "Preux et audacieux" funciona porque no exige que todos los que jugamos estemos en el mismo sitio al mismo tiempo; ni siquiera en distintos sitios al mismo tiempo. Cada uno se pone con la partida cuando puede, aunque sean las dos de la mañana y no haya nadie despierto en su zona horaria ni en ninguna otra de las que cuentan con jugadores.

Sin embargo, hay un precio que pagar por esta ubicuidad espaciotemporal: la inmediatez. Perdemos la posibilidad de reaccionar inmediatamente a acontecimientos o acciones imprevistas. Ante esta limitación, siempre he procurado mostrar flexibilidad, sentido común y, en última instancia, adoptar la decisión que menos perjudique a los jugadores afectados. Puedo haberme equivocado algunas veces (seguro que en veinte años he tenido tiempo para equivocarme muchas veces), pero tengo la conciencia tranquila sobre mi política de "sentido común" y de "menor perjuicio posible". Incluso alguna vez he retrasado o interrumpido la resolución del turno para solicitar información adicional a los jugadores, o para darles la oportunidad de ponerse de acuerdo en algo que a mí me parecía confuso, o para clarificar puntos oscuros.

Por otra parte, esto es un juego, lo hacemos para divertirnos, y un "perjuicio", sea del tipo que sea, no tiene consecuencias en nuestra vida real: ni perdemos dinero, ni nos abandona nuestra esposa, ni se muere nuestro perro. "En Garde!" es una caja cerrada, y nada de lo que pase dentro repercute fuera, ni tiene que repercutir nunca. Es un juego, y punto.

"¿Y a qué viene todo esto?", os preguntaréis. Bueno. Simplemente, ha habido alguna queja sobre mi forma de manejar una situación reciente. Se trataba de una situación de una cierta complejidad, con varios jugadores implicados, y decidí dar unos días extra para clarificarla totalmente para evitar perjuicios involuntarios a nadie: fuese lo que fuese, que quedase claro; esa era mi intención.

Al final se clarificó la situación y se resolvió el problema; no de la forma que a mí personalmente me hubiese gustado, pero eso no importa porque yo no formo parte de la partida. Lo importante es que quedó claro lo que hacía cada uno, y lo que debía hacer yo en cada caso y según cada posible resultado de combinar las acciones de todos. Y finalmente, en efecto, se resolvió la situación conforme a las reglas del juego, y la parte perjudicada lo fue a sabiendas de que dicho perjuicio era consecuencia directa de su decisión. Fin del problema.

Lo que quiero con todo este rollazo no es otra cosa que defender mis acciones, dar a conocer mi política de arbitraje por si alguien (especialmente los recién incorporados) no la tenía clara, y recordaros a todos que esto no es más que un divertimento.

Un abrazo muy cordial para todos.

Tirs

NOTA SOBRE HIBOU
(Publicada a petición del jugador)

Hibou nunca ha pretendido plagiar ni asumir como propios los versos de
otros autores. Es un cómico, por lo que recita tanto versos propios como
ajenos para comentar lo que acontezca en cada momento. No se atribuye al
firmar la autoría de los versos sino que es él el que lo expone o cita.
A veces pudieran ser versos no coetáneos con la época, como el de este
mes, una cita de Bertolt Brecht.

AGRADECIMIENTOS

Gracias a Enric, Sergio y Joan, que han escrito prácticamente el 100% de la crónica con esas fantásticas descripciones de la fiesta y del duelo.

* * *

El plazo de entrega del próximo turno finaliza el viernes, 10 de febrero de 2012, a la medianoche (hora española peninsular).

¡Hasta pronto!

PrincipalVolver a la página principal.


®"En Garde!" es una marca registrada de Margam Evans Limited