Preux et audacieux: Una partida de En Garde!®por e-mail

 

REAL CRÓNICA DE OCTUBRE DE 1644

Vivía demasiado tranquilo.
Gaston Lerroux

ECOS DE SOCIEDAD

Primera semana

En un remoto pueblecito de la Provenza, cerca de Tolón, el día transcurre con normalidad y la vida tranquila de los lugareños no presenta ninguna novedad digna de reseñar, siendo las labores derivadas del campo lo más destacado en un ambiente de marcado tono otoñal.


Aún así y dada la cercanía con algunas de las rutas comerciales más frecuentadas, no es de extrañar que la presencia de un jinete desconocido, acercándose al paso a la entrada del pueblo, pase inadvertida.


El jinete y sus monturas se internan en la población, pausadamente, hasta detenerse a unas decenas de metros de un erial en el que varios jóvenes han estado trabajando y charlando animadamente sin advertir su llegada.


Uno, el más pequeño, recrea con el mediano una escena de esgrima usando instrumentos de labranza mientras se dirige al mayor de ellos, que los observa divertido:


-¿Era así, Gaston, cómo ayudabas a tu amo contra sus enemigos?


El mayor los observa mientras ejecutan torpemente sus fintas y lances.


-No, Benôit, ya os he dicho mil veces que mi señor no me dejaba coger una espada. Decía que me protegería más el no saber usarla.


El pequeño, sorprendido, detiene su juego para seguir preguntando mientras el mediano se reincorpora y se prepara para responder los ataques.


-Pero, ¿entonces? íQué vida más aburrida! ¿No la echas de menos?


-Sí, pero me quitaron las ganas cuando las cosas se pusieron mal y me obligaron a marcharme y abandonarle. Si volvía -me dijeron- no detendrían al verdugo.


El mediano, recuperado, asesta un golpe en el costado al pequeño, que cae rodando por el suelo al no esperarse tal respuesta. Es el mediano quién sigue hablando:


-¿Tu amo murió, entonces?


-Supongo que sí. Las cosas se pusieron muy en su contra y tuvo enemigos de gran poder. No creo que sobreviviera.


-Entonces, Gaston, ¿no volverías a París a servir a otro señor?


-No lo creo. Él me trató muy bien, demasiado bien. No creo que otro señor tuviera tanta paciencia conmigo como la que tuvo él.


Cuando el pequeño vuelve en sí, aturdido, y se levanta para continuar la refriega, repara en el jinete y suelta un breve silbido de advertencia mientras le señala con un cabeceo. Siguiendo su ejemplo los otros dos jóvenes enfrentan al recién llegado. Es entonces cuando Gaston Lerroux, abriendo los ojos como platos y llevándose las manos a la cabeza, cae de rodillas sollozando:


-¿Vos?


* * *


Por más que paguéis a tunantes
para dar unas palizas o confesar,
no pueden ser sumas abundantes
si tales artilleros debéis contratar.

Hibou

Segunda semana

Esta semana tuvo lugar, en el cuartel de los Marines Reales, una misa en memoria de Jacques Cousteau. La ofició Fray Bernard, y el sermón fue emotivo y sentido. Acudió, entre otros, Lestat de Pointlac, en uniforme de gala de Mariscal de Francia, a caballo y con bastón de mando, precediendo a un carruaje en el que viajaba su esposa. A destacar el excelente detalle del recién nombrado Ministro de Exteriores Joss Len Beaumont, Ch.d'H. que, como organizador, mandó colocar un retrato del difunto coronel presidiendo el acto.

Finalizada la misa, Joss Len Beaumont, Ch.d'H. dirigió unas palabras a los asistentes:


-Estimados caballeros y compañeros de armas, apreciadas damas, queridos amigos de regimiento, es para mí un deber y un honor realizar este funeral en memoria de mi amigo Jacques Cousteau. Gracias a él hoy estoy con vosotros, pues fue el único que tuvo el valor de interceder por mí ante mis captores y pagar mi rescate cuando estuve prisionero. Esa circunstancia, la de estar prisionero, me ha cambiado, me ha hecho ver las cosas desde otro punto de vista. Sé las penurias que se pasan cuando uno está lejos de casa, en territorio hostil y en manos de los enemigos de nuestra nación, y por eso valoro todavía mas el gesto de mi amigo; por ello animo a todos los presentes, incluidos los Mosqueteros del Rey que hoy nos acompañan en nuestro cuartel, que griten con nosotros:


 
-¡SOLDADOS! ¿QUE SOMOS?
-¡MARINES REALES!
-¡SOLDADOS! ¿QUE BUSCAMOS?
-¡HONOR Y GLORIA!
-¡VIVA JACQUES COUSTEAU! íVIVAN LOS MOSQUETEROS DEL REY!
-¡VIVAN!

* * *

La distinguida dama, como cada pocas semanas desde hace unos meses, espera impaciente en el vestíbulo del hogar de sus padres. Las flores que la rodean ya están marchitas, mustias... Y las nuevas flores no han llegado.

Hoy se siente gruñona y malhumorada, y aunque exteriormente nunca dará esa imagen, su doncella de compañía percibe su estado más allá de su pétrea efigie. Algún mes la entrega ya se había retrasado algún día, pero jamás antes se había tratado de una semana, y nadie ha notificado ningún hecho que justifique tal retraso.

Inadmisible. No es por las flores -se dice ella interiormente-, es para tenerle atado a sus pies. Aunque ella no dé excesiva importancia a sus regalos, los usa como pretexto para mantener en corto a su amado, ése que tanto la ha herido y contravenido desde que accedió a conocerle hace tantos años.

Su mal humor es patente, su ira contenida pugna por liberarse, y justo cuando empieza a pensar en las insoportables torturas a las que someterá a su amado, llaman a la puerta. Y a pesar de que su doncella de compañía ya ha reaccionado instintivamente para abrirla, la dama se lanza en pos de la puerta, desatendiendo cualquier tipo de convención y abriéndola ella misma.

Y allí donde había habido ira y fuego, ocupa su lugar la ternura y la pasión, porque allí, bajo el dintel de la puerta, arrodillado y rendido a los pies de Evelyne Garabedien se encuentra Jean Parrot. Y tras él, un auténtico bosque de flores multicolor.

Tercera semana

Se celebró esta semana una reunión del Consejo de Regencia, en la que participaron los Ministros de Su Majestad, presididos por éste acomañado de su madre la Reina, que ejerce funciones de regente. Se discutieron varios asuntos, entre los cuales destaca la petición de Joss Len Beaumont, Ch.d'H. de iniciar una política de pactos con países con los que Francia tenga enemigos comunes, orientada a aislar aún más a la dinastía de los Austrias. Aunque la propuesta fue bien recibida, no lo fue tanto la de que fuese el propio Beaumont quien se encargase personalmente de viajar a los países mencionados. "Se os necesita aquí, Excelencia, y tantos viajes encadenados os alejarían demasiado tiempo de París. Además, bien sabéis que contamos con un excelente cuerpo diplomático".

Al finalizar la reunión, Beaumont se inclinó ante la Reina Madre en una respetuosa reverencia y le formuló una petición especial:


-Majestad, bien sabéis que el Regimiento de Marines Reales ha defendido el nombre de vuestro difunto esposo y el de nuestra patria en los confines más remotos. Como su coronel, me permito humildemente solicitar de Vuestra Majestad la gracia de bordar en nuestro pendón regimental las palabras "HONOR Y GLORIA", para que, al acompañar a nuestros hombres a lo más duro de la batalla, les recuerde en todo momento que Vuestra Majestad les acompaña y apoya allá donde estén.


Parecióle bien a la reina la petición, por lo que en breve el pendón regimental de los Marines Reales lucirá un nuevo elemento decorativo: las palabras HONOR Y GLORIA.

* * *

Un hombre embozado en una gran capa y gran sombrero entra en L'Epée D'Or. Se dirige con paso firme a los reservados, en uno ve una dama que entra, en otro un hombre que sale. Por ultimo de uno solo ve salir humo, sin duda, ese es el lugar que busca. Entra con paso decidido, se quita el sombrero, deja la capa sobre una silla y saluda al hombre que le espera.

-Monsieur Parrot, está visto que la Bastilla y el regimiento fronterizo no os han sentado bien, parecéis más viejo. Claro que, al fin y al cabo, siempre es mejor parecer un poco más viejo y seguir teniendo cabeza.

El marsellés sonríe ante la ocurrencia de Lestat Du Pointlac, y asiente mientras con la pipa le señala al laureado militar una butaca vacía.

-Monsieur Du Pointlac, no quería dejar de agradeceros el esfuerzo que hacéis al venir aquí, siendo notoria vuestra repulsa pública a mi persona. Debo reconocer que con gusto os hubiera ayudado a sobrellevar el rechazo con un palmo de acero bien colocado, pero vuestras últimas decisiones en las cumbres del poder han hecho mella en mí. Pocos conservan la integridad cuando llegan a lo más alto, y vos os desmarcáis de la tónica general para erigiros como uno de ellos. Así pues, qué lástima privar a Francia de alguien como Vos, ¿no creéis? Así, pues, he aquí mi mano, he aquí mi cena, y he aquí mi promesa de no injerencia en vuestros asuntos. ¿Qué me decís? -Mientras habla, Parrot escancia una botella de vino en dos copas, alargándole una al absorto ex-canciller y asiendo la otra con viveza-. ¿Será posible un armisticio entre vos y yo?

Lestat toma la copa y se sienta, esperando unos segundos antes de contestar.

-Creo que os equivocáis, Monsieur Parrot. ¿Repulsa hacía vos? Nunca la he sentido. De hecho nunca os he odiado a vos personalmente ni estuve de acuerdo con vuestra condena a muerte como tampoco lo he estado con esta segunda sentencia en la que se os acusa de conspiración y a la vez se os absuelve. Aún así defendí al gobierno y sobre todo a Valmont, porque siempre he creído en Valmont y a día de hoy sigo respetándole profundamente. Yo, que nunca le llamé hermano, soy quizás quien más ha sentido o defendido su ausencia. Con esto os quiero decir que no tengo una animadversión personal hacía vos, siempre me habéis parecido admirable en ciertas cosas. No soy yo por tanto quien debe aceptar vuestra oferta, la ofensa os la cause yo a vos. Si os dais por satisfecho vuestro honor, por mi parte, no tengo nada en vuestra contra. -dio un largo trago al vino- Marsellés... Cuando era joven en Lyon robaba botellas de vino de Marsella por el tragaluz de las bodegas. Es un buen vino...

Apura de un trago la copa y luego sigue.

-Y bien, monsieur Parrot, ¿Qué pensáis hacer ahora en vuestra vuelta a París? No soy capaz de pensar que vuestra dura experiencia no os haya cambiado. Y, si me permitís que os confiese algo, hay algo todavía más admirable. En la desgracia una mujer os ha sido fiel y no os ha dejado de lado. Eso sin duda cambia a un hombre, por muy marsellés que sea...

Parrot mira a Du Pointlac, y después al ayudante que les trae la cena. Mientras esgrime el cuchillo y el tenedor, mira al lionés y sonríe.

-Sois muy listo, amigo Lestat, muy listo. íCenemos!

Cuarta semana

Amanece cerca del torreón de Vincennes. Tres figuras, envueltas en capas para abrigarse, esperan de pie. Al poco Llega un carruaje, del que se apean Le Baron de Lemaitre, André du Calamar y Emile Goulet. Tras un breve saludo, uno de los que esperaban se adelanta. Habla brevemente con André du Calamar y, con un gesto de asentimiento, se hace a un lado. Du Calamar se acerca al personaje del centro, que no es otro que Julius Kern, y le ofrece que elija una espada de las dos que pone frente a él. Kern toma una, la examina brevemente, levanta la vista y dice:


-Ya me tenéis aquí, Excelencia. ¿Seguís empeñado en matar al Comisionado de Seguridad Pública por un simple criado? Sea pues. ¿Queréis que admita que interrogué a vuestro criado? Pues sí, así fue. ¿Y qué? Como Comisionado, interrogaré y detendré a quien crea necesario en el curso de una investigación. Si eso os molesta, o mejor dicho, os asusta, quizás deberíais preguntaros por qué, aunque yo realmente ya lo sé... Y que conste que no os quise organizar un buen recibimiento el mes pasado en las calles de París como parece ser que buscabais con ansia. Pero estad tranquilo, la proxima vez os aseguro que lo tendréis.

-Menos palabrería, Kern -fue la seca respuesta-, y arreglemos esto de una vez. ¡En garde!

Dio comienzo el duelo, que probablemente es el más breve que se recuerda en París desde hace mucho tiempo. Le Baron de Lemaitre se lanzó con un ataque a fondo, a lo que Julius Kern respondió dando un salto atrás y gritando: ¡ME RINDO! mientras soltaba la espada. Inmediatamente, los dos padrinos echaron mano a las empuñaduras de sus armas, pero no fue necesario que desenvainaran: con un gesto de infinito desprecio, Le Maitre recogió su sombrero de manos de Du Calamar, se lo caló mientras daba media vuelta y, dándole ostentosamente la espalda al Comisionado, se dirigió con altivez al carruaje, a donde Emile Goulet ya estaba subiendo. Du Calamar recogió la espada caída, saludó a los padrinos del contrario y siguió a su compañero hasta el carruaje, que partió al poco de vuelta al centro de París.


* * *


La cena organizada por Joss Len Beaumont, Ch.d'H. en memoria de Jacques Cousteau fue un éxito. El organizador, en un salón de su nuevo club, fue recibiendo a los invitados y regalándoles un juego de pluma y tintero a los caballeros y un frasquito de exquisita esencia a las damas. La cena consistió en unos aperitivos de entrantes, asado de carnes y pescados a la brasa y como final tartas de varios tipos y dulces para los mas golosos, todo ello regado con excelentes vinos tintos y con vino dulce para los postres. Toda la cena fue amenizada por un grupo de cámara y tras la velada un mago deleitó a los asistentes con juegos de manos y de naipes, mientras aquellos caballeros que lo desearon pudieron seguir bebiendo y conversando sobre el fallecido y contando anécdotas de guerra. Durante la cena, Joss Len Beaumont, Ch.d'H. tomó la palabra para ofrecer un brindis:

-Damas y caballeros, muchas gracias por acompañarme en esta fiesta homenaje a mi buen amigo Jacques Cousteau. Me faltan las palabras para hablaros de él y de lo que su amistad ha sido para mí, asi que lo mejor es que alcemos las copas y brindemos por él. ¡POR JACQUES COUSTEAU!


* * *


La neblina empieza a disiparse con los primeros rayos del sol en un día que apunta a soleado, pero que el frío matinal se resiste a abandonar. En las calles pocas almas se dejan ver y, de las que lo hacen, pocas despiertan la atención de la Vieja Guardia.

En las inmediaciones de "La Cofradía de la Caridad de Fray Pierre Duval", Jean Parrot lleva desde el alba erguido frente a la bien conocida estructura de edificios, ahora vacía y desolada. Los cofrades, que una vez infestaron dichas instalaciones, están ahora en otro punto de la ciudad bajo el auspicio de una nueva forma de entender y aplicar la caridad.

¿Un cambio de ciclo? ¿Una nueva época? ¿La retirada? Suspirando esas preguntas, el marsellés vacía la agotada cazoleta de su pipa sin poder evitar recordar todos aquellos momentos, personajes, recuerdos y experiencias que, sucedidos en torno a la Cofradía, ya forman parte de su ser y sentir. Sonríe, con pena, y dando media vuelta emprende el camino hacia... de repente, un soplo de aire, imprevisto pero rotundo, obliga a un pedazo de madera a balancearse y a hacer chirriar la cadena que lo sujeta. Parrot se detiene y se vuelve. La mira detenidamente. Es la placa que él mismo colocara ahí hace años. Sonríe de nuevo, esta vez divertido, y ayudado por su criado consigue arrancarla. La mira unos instantes mientras éste, solícito, le pasa un paño. ¿Retirada? murmura admirando las letras de la placa. Sólo cuando se siente satisfecho se la confía a su criado y, esta vez sí, toma cualquier camino que le aleje de ahí mientras se responde: "Ya descansaré cuando muera."

Sólo Gaston, eternamente a la sombra de su señor, ha visto en los ojos del marsellés lo que otros confundirían con los efectos del frío matinal.



ANUNCIOS DE PRESENTACIONES A CARGOS

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CARGOS PARA EL MES DE NOVIEMBRE
CargoRequisitosN.S. mínimoQuién nombra
Soldados escolta Real Soldado Guardia Real 8Capitán Escolta
Soldados escolta Cardenal Soldado Guardia Cardenal 5Capitán Escolta
Oficial diocesano Vicario 10Arzobispo



------------ Inicio de la estacion de INVIERNO ------------


CARGOS PARA EL MES DE DICIEMBRE
CargoRequisitosN.S. mínimoQuién nombra
Ministro de Humanidades Brigadier o Barón 0 Min.Estado
Ayudante del Obispo Abad 8 Obispo

NOTAS DE LOS ÁRBITROS

Es posible que encontréis la crónica de este mes demasiado centrada en Parrot... y así es. El pasado domingo tuve una lesión castellera en la mano izquierda, y no puedo escribir mucho. Pero cuando Enric se enteró de la lesión de mi mano, decidió currarse él solito una crónica con todas las andanzas de su personaje (¡gràcies, xato!). No sé qué pensaréis vosotros, pero a mí me ha encantado. Tampoco me quiero olvidar de Pablo, que me ha mandado también fragmentos de la misa y de la fiesta por Cousteau, y hasta una imagen del mismo :-)

¡Ah! Y a Hibou, por supuesto

A los demás, disculpas por no tocar todos los acontecimientos con la profundidad debida, y sobre todo por dejarme algunas cosas en el tintero (siempre me pasa, pero al menos este mes tengo excusa)

* * *

El plazo de entrega del próximo turno finaliza el viernes, 2 de diciembre de 2011, a la medianoche (hora española peninsular).

¡Hasta pronto!

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