Preux et audacieux: Una partida de En Garde!®por e-mail

REAL CRÓNICA DE MAYO DE 1641

ECOS DE SOCIEDAD

Primera semana

En una celda de la Bastilla, Lestat de Pointlac saborea un buen trozo de carne. La carne es tierna y pasable, mucho mejor de la que ha comido en muchos momentos de su vida. Es un hombre joven y bien vestido, lleva dos días en la Bastilla y todavía no sabe por qué, aunque está seguro de que en poco tiempo le sacarán de sus dudas. Después de unas copas con ese joven recién llegado... ¿cuál era su nombre? ¡Ah, sí! Ezequiel du Reims. Un muchacho prometedor, sin duda. Bien, la cuestión es que apenas doblar la esquina una patrulla lo detuvo en nombre del Comisionado de Seguridad Pública. En esto, sus reflexiones se ven interrumpidas: un carcelero abre la puerta y dos guardias entran acompañando al alcaide.


-Señor Coronel, os vais.


-Vaya, por fin me liberáis, en buena hora pardiez. Pero si no os importa, todavía estoy a medio cenar, por favor, esperad unos minutos. Total, ¿A vos que más os da cuando me soltéis?


-No, no. No vais libre.


-¿Ah no? Pues tanto más motivo para no interrumpir la cena. De verdad, es una carne muy buena y os agradezco la deferencia de ofrecérmela. Sin embargo, el vino... -dice señalando los pedazos de la botella que había roto contra la pared- Francamente, si es lo mejor que podéis ofrecer a vuestros inquilinos no me extraña la mala fama del lugar.


-Se hace lo que se puede. El Barón d'Alembert me ha ordenado llevaros a su despacho. Está demasiado ocupado para venir a veros en persona.


-En fin. Está bien, hagamos lo que podamos por el buen Comisionado -suspiró Lestat mirando por última vez el filete antes de salir por la puerta.


Cruzan por los pasillos de la Bastilla hasta llegar a la salida. En el patio, un sólido carruaje, escoltado por cuatro jinetes, le espera. El preso monta de un salto ágil y el carruaje parte. Está totalmente tapado. Después de unos diez minutos de marcha el coche se detiene, la puerta se abre y un guardia interpela.


-Bajad. Hemos llegado.


Lestat salta a un patio y es conducido por unas escaleras hasta una antesala. Allí uno de los guardias llama a la puerta, entra y sale al poco tiempo diciendo al preso:


-Entrad. Nosotros esperaremos aquí, no hagáis ninguna tontería.


-Soy un caballero, no un rufián. -dice Lestat du Pointlac cruzando la puerta.


El Barón le espera sentado al lado de la chimenea, tiene papeles en la mano.


-Coronel du Pointlac, estoy descontento con vos -le dice cuando el prisionero esta de pie frente a él.


-Eso me han dicho, señor Comisionado.


-Habéis hecho afirmaciones peligrosas, sobre la naturaleza de la intriga.


-He dado mi opinión.


-Vuestra opinión es peligrosa. ¿No habéis afirmado vos que Villiers había sido bueno para Francia porque ayudó a avanzar a Francia?


-Si, lo he afirmado.


-íUn criminal positivo! ¿Le alabáis?


-No, alabo su valor, no su obra ni el destino final de sus acciones. Alabo que ayudará y obligará al Comte d'Ille a luchar por algo, no a limitarse a engordar con el cargo. Francia, en el fondo, se favoreció de lo que obligó a hacer al Comte.


-Eso es una opinión muy peligrosa. Parece que incitáis a la rebelión.


-No, incito a obrar por la corona.


-¿Ilícitamente?


-No.


-Pero es lo que Villiers hizo al fin y al cabo.


-Ya os he dicho que no alabo la obra de Villiers, sino su valor personal. No hay duda de que lo tenía, al igual que tenía carisma. Aún hoy mucha gente le apoya.


-íLos traidores!


-No siempre. Todo el mundo tiene una parte buena y una parte mala. Villiers tenía algo... que lamentablemente usó contra la Corona.


Jean Baptiste Le Rond miro fijamente a Lestat du Pointlac.


-Os gusta demasiado el lenguaje poco claro. Usáis metáforas, comparaciones, disertaciones morales... No habláis claramente. Temo que escondáis algo.


-¿Por eso estoy preso?


-Por eso y porque los que alaban a un antiguo traidor, ya muerto, pueden querer que vuelva ese traidor.


-Yo no quiero que vuelva Villiers.


-Pero habéis dicho que Francia necesita nuevos Villiers y Comtes d'Ille.


-Sí, claro, necesita gentes que se disputen el poder. Pero no rebeldes. No interpretéis mis palabras, dadas en una conversación entre caballeros, en un sentido literal. Villiers y el Comte tienen importancia como ejemplos por lo que significaron, pero si leéis toda mi conversación, veréis que indico que se necesitan aires distintos, olvidarnos de ellos y empezar de nuevo. No que se repita lo mismo.


-Bien, repasaremos vuestros papeles e investigaré hasta que punto añoráis a Villiers. Mientras tanto, consideraos mi huésped en la Bastilla.


-Señor comisionado...


-¿Alguna queja con vuestro alojamiento?


-Pues si, pardiez. íHaced que traigan un vino en condiciones!


-Veré que se puede hacer. íGuardias!


Lestat se fue acompañado de los guardias y volvió a la Bastilla. Allí esperó, comiendo y arrojando el infumable caldo que el alcaide llamaba vino, a la espera del veredicto del Comisionado.

Segunda semana

Armand de Payns llevaba sus buenos veinte minutos plantado frente a la puerta. El cartel que colgaba de un mástil sobre la calle le tenía intrigado: Philippe le Rouge. "¿Será una casa de mala nota? No lo parece, ni está en el barrio que le correspondería. ¿Será un barbero especialista en tintes, y de ahí el nombre? ¿Será una taberna? ¡Qué complicada es la vida en París! ¿Por qué nadie me explicó estas cosas antes de venir desde el pueblo? Qué hago: ¿entro o no entro? ¿Y si me apalean los criados?"
En estas reflexiones se hallaba sumido cuando la puerta del local se abrió, y un caballero de grandes bigotes y una jarra en la mano le tomó del brazo con familiaridad:
-Estimado joven: llevo un buen rato observándoos desde la ventana y ya me he aburrido de ver tanta inmovilidad. Por vuestro aspecto deduzco que acabáis de llegar a París, y no lo digo solamente por el olor a heno. Soy Renaud d'Anterroches, y esta tarde la pasaréis conmigo. Como buen caballero, debo adoctrinar a los recién llegados. Supongo que necesitaréis un modo honorable de ganaros la vida -continuó mientras se llevaba dentro al muchacho-. Bueno, os pondré a punto en unos pocos días y la semana que viene iremos a ver a un amigo mío, coronel de los Marines Reales, que seguramente tendrá una plaza para vos... -y la puerta del Phillippe Le Rouge se cerró tras los dos hombres mientras Renaud d'Anterroches seguía con sus explicaciones.

Mientras esta escena tenía lugar en Phillippe Le Rouge, L'Epée D'Or era escenario de un encuentro inesperado: le Baron d'Alembert llevó a Magdalene du Croissant a pasar una tranquila velada romántica, y por su parte Pierre Chardin, Ch. d'H. llevó a Marie-Claire Gassol con el mismo propósito. Se cruzaron en el salón principal, y se saludaron cortésmente. Tuvo lugar este breve intercambio de frases:
-Parece que habéis capturado a alguien cuyas ideas no son muy favorables a la Corona, monsieur le Commisaire.
-Bueno, no precipitemos acontecimientos. Digamos que se trata de alguien de opiniones... poco claras. Aún tengo que repasar a fondo el expediente y volver a interrogar al prisionero. De momento me preocupo de que no le falte de nada, ni siquiera vino...

...Y, otra vez, el misterioso ladrón galante ha asaltado a una dama, cuyo nombre no se nos ha facilitado todavía. Esta vez, sin embargo, parece ser que las autoridades están tomando medidas preventivas, y se ha podido ver a algunas damas escoltadas a discreta distancia por hombres uniformados. Otras han buscado la protección por su cuenta: Mussette d'Envion ha decidido dejarse "proteger" por Renaud d'Anterroches de manera permanente.

Tercera semana

Por algún motivo, la tercera semana suele ser siempre la más tranquila del mes. Poca actividad en clubs y teatro; aunque el tiempo está siendo excelente esta primavera y el parque de les Tuileries está abarrotado de damas paseando, no se ha visto a ningún caballero rondándolas. A destacar que, por segunda semana consecutiva, fray Marcel ha ido a ayudar a Jean Parrot trabajando infatigablemente en la Cofradía de la Caridad.

Cuarta semana

-¡ALTO! ¡DAOS PRESO, PARROT!
-¡"Monsieur Parrot" para tí, bellaco! -fue la respuesta del interpelado- ¡Si crees que con un truco tan burdo vas a separar a un gascón de su bolsa, vive Dios que vas errado! ¡En garde!
Esta escena tenía lugar la noche de la fiesta en honor del difunto Comte d'Ille, a pocos metros de la entrada principal de L'Epée d'Or. Dos hombres vestidos de oscuro y armados interceptaron al Mayor de Cadetes, pero éste echó mano del rapier y, limpiamente, desarmó a uno de ellos sacándole el arma de la mano y echándola a volar calle abajo. Solamente le costó un par de lances más enredar su hoja en un adorno del guardamanos de su contrario y, con un tirón justo en la dirección adecuada, lanzarlo al aire para pescarlo con la mano izquierda en su caída. Aún tuvo tiempo de hincarlo en una rendija entre dos adoquines antes de girar y apoyar la punta de su rapier en el cuello de uno de sus asaltantes sin quitar ojo al otro. Pero en ese momento se oyeron pasos apresurados tras la esquina y Parrot, temiendo que tuviesen refuerzos al acecho, sin mediar palabra echó a correr y desapareció. Pocos instantes después apareció en el lugar una patrulla de las que Henri Daralan había puesto a vigilar los alrededores. Obviamente, Parrot ya estaba demasiado lejos para atender a explicaciones, pero le pareció que la palabra "Comisionado" llegaba a sus oídos entre el griterío.

En contraste con la oscura y agitada escena que tenía lugar en la calle, los iluminados salones de L'Epée D'Or acogían una apacible velada de baile. La idea inicial era celebrar un concurso, pero la poca disposición de los asistentes a bailar de forma regular y seguida, prefiriendo alternar minuetos, charlas y bebidas, aconsejó abandonar la idea. Un tema recurrente de conversación entre los caballeros fue el extraño grupo de damas que algunos se habían cruzado por la calle al dirigirse al club: patosas en el andar, corpulentas en las hechuras y, sobre todo, cosa inaudita en un grupo femenino, silenciosas como cadáveres. Jean-Françoise de Bourguignon, con su flamante capote de Coracero, sentenció que "el glamour está muriendo en París; pronto nuestras calles serán tan aburridas y sórdidas como las de Madrid".

En un momento dado, le Baron d'Alembert se subió a una silla, golpeó una copa con una cucharilla para reclamar atención, y pronunció el discurso siguiente:

Ante todo, quisiera dar gracias a Monsieur Valmont por la organización de esta estupenda fiesta, y por haber tenido la amabilidad de invitarme a ella. Espero que nuestra amistad perdure por muchos años. También quisiera mostrar mi agradecimiento a todos los caballeros, algunos de ellos aquí presentes, que me han felicitado durante estos últimos meses por el Título de Mejor Espada de Francia... aunque algunos se lo puedan merecer más que yo -y aquí esbozó le Baron d'Alembert una enigmática sonrisa mirando hacia un lugar preciso entre los asistentes-. Monsieur D'Arzac, vos me dáis una de cal y otra de arena. Más arena que cal, realmente -carcajada-, pero sabed que vuestras críticas me han servido como acicate para mejorar en mis tareas como servidor de Francia.
Por último, a todos los caballeros que se han ofrecido a colaborar conmigo en calidad de Comisionado, para acabar con algunas de las lacras que desgraciadamente sufrimos por culpa de una minoría de indeseables; en mi nombre y en el de todos los franceses de buena voluntad, gracias. Aprovecho la oportunidad que se me brinda para recordaros la importancia de la colaboración ciudadana. Entre todos nosotros, nuestros conocidos, familiares y, tenemos ojos y orejas en cada diminuto rincón de París. Ojos y orejas suficientes para que prácticamente ningún detalle que suceda se nos escape. Desgraciadamente, para que algunos traidores puedan seguir campando a sus anchas entre nosotros durante tanto y tanto tiempo, es necesario que hayan contado, si no con la colaboración, sí con el silencio de varias personas. Rompamos de una vez por todas con esta actitud y acabemos entre todos con ellos. Tal vez estéis echando de menos a una o dos personas en está fiesta. Sabed que están colaborando con la justicia en estos momentos, y que si todo va bien pronto volverán a estar con nosotros. Sé que ciertas actuaciones pueden no contar con la aprobación de todo el mundo, pero os invito a la reflexión sobre si sois tal vez demasiado tolerantes con algunas actitudes, y demasiado estrictos con otras. Dejemos a un lado nuestras afinidades personales, y pensemos en el futuro de Francia. Por último, brindo por la memoria de Denis Lavoisier, Comte d'Ille, uno de los más grandes caballeros que ha conocido París en los últimos tiempos, y que tanto luchó por el bienestar de las gentes de Francia, hasta que tristemente cayó victima de la traición y la locura -y, levantando su copa, exclamó: -. ¡Que su espíritu viva entre nosotros por siempre!

Cuando el alcohol comenzó a correr, Guillem de Cortsavy propuso un juego que, pese a no provocar mucho entusiasmo, no deja de ser interesante, por lo que repetiremos aquí su explicación:

EL BAILE DEL "TIO FRESCO"
Esta danza se baila los días de festividades importantes. Sólo la bailan los hombres. A los bailadores se les engancha un pañuelo de gasa a la parte trasera del ceñidor, y a tres damas se les da un candelabro encendido. Mientras los hombres bailan se ven obligados a moverse constantemente para impedir que las tres damas, que pululan por alrededor con el candelabro en la mano, les prendan fuego al pañuelo. Mientras se desarrolla la danza, se canta, y el bailador que se deja chamuscar el pañuelo paga una ronda de vino para todos.

Al oír dicha descripción, Henri Daralan, con muy buen sentido, se llevó aparte al entusiasta Guillem de Cortsavy y le comentó: "Mon ami, este tipo de bailes aquí en L'Epée d'Or no tienen futuro. De todas formas, no desfallezcáis y probad en Phillippe Le Rouge en la próxima ocasión que tengáis. Allí la gente es más... desinhibida".

CARGOS PARA EL MES DE JUNIO

                                                 N.S.     Quien
         Cargo            Requisitos            minimo    nombra
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Ministro de Ciencias    Brigadier o Baron           10    Min.Estado


CARGOS PARA EL MES DE JULIO

	Durante este mes se renuevan los cargos religiosos (consultar reglas).

NOTAS DE LOS ÁRBITROS

¡Parece que esto se anima! Un detenido, un huído... y más cosas que no podemos comentaros públicamente. Esperemos que el parón veraniego, campaña militar incluída, no trunque esta tendencia.
Este mes tenemos muchos jugadores nuevos: ¡Bienvenidos! Además, han enviado muy buenos turnos, y hasta un poco de material para la crónica (¡gracias, Raúl y Jordi!). Gracias también a Carlos y a Eduardo, éstos ya veteranos, que también han contribuido a la crónica. Y, ya que estamos, vuelvo a insistir: si a alguien se le ocurre algo que escribir que pueda ir a la crónica, yo (Tirs) os lo agradezco en el alma, ya que encontrar inspiración cada mes no es fácil.

El plazo de entrega del próximo turno finaliza el viernes, 4 de julio de 2008, a la medianoche (hora española peninsular).

¡Hasta pronto!

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