Preux et audacieux: Una partida de En Garde!®por e-mail

REAL CRÓNICA DE ABRIL DE 1639

Defender el propio honor es defender el del Rey y el de Francia.
    Guillaume de Foix

ECOS DE SOCIEDAD

Primera semana

Inicio del proceso. La estancia se encuentra abarrotada de gente, de toda clase y condición. El Ministro de Estado departe amablemente con Jean-Baptiste Le Rond, Comisionado de Seguridad Publica, con el Ministro de Justicia y con algunos de los presentes, a la vez que toma tres voluminosos legajos de las manos de un lacayo y los deposita en la mesa habitualmente utilizada por el Fiscal. Algunos ojos perspicaces ven algo inusual este hecho, máxime cuando el Ministro de Justicia se aproxima al centro de la Sala, concretamente a la silla que suele ocupar Du Heyn al juzgar estos casos, y toma posesión de la misma.
  -Ciertamente es cómoda -susurra a su ayuda de camara-. Ese viejo zorro se cuida la mar de bien.
Un repentino silencio inunda la sala cuando la voz del Ministro de Justicia llama al orden y solicita la presencia del alguacil. Alguna respiración se corta, cuando Du Heyn asiente con la cabeza y ocupa su lugar en la mesa del Fiscal. Jean-Baptiste Le Rond, Comisionado de Seguridad Pública, va a reunirse con sus acompañantes en los bancos de las personalidades.
  -Que los acusados sean conducidos a la Sala, el juicio ha comenzado. Su Eminencia el Cardenal Martin Du Heyn, Ministro de Estado, como Fiscal, teneis la palabra.
Entran los tres acusados, dos de ellos, los Mosqueteros, precedidos de su defensor y Coronel, Guillaume de Foix, y el tercero precedido por Pierre Valmont.
Con un movimiento lento y pausado, Su Eminencia se levanta y comienza su parlamento:

  -J'acuse:
  »A Jean Monfort, Chevalier d'Honneur, de violar el edicto contra el duelo y asesinar a sangre fría a Achille Gallas.
  »A Pierre Chardin, Chevalier d'Honneur, de violar el edicto contra el duelo.
  »A Olivier d'Arzac, de violar el edicto contra el duelo.

  »He aqui mis pruebas y testimonios: Confesiones de Philippe Valmont, de Henri Daralan y de Jean-Louis de Faverolles.
  »Penas solicitadas:
  »Para Jean Monfort, Chevalier d'Honneur. Por violar el edicto contra el duelo y asesinar a sangre fría a Achille Gallas, un año en los regimientos fronterizos, la degradación de rango y la pérdida de su titulo de Chevalier.
  »Para Pierre Chardin, Chevalier d'Honneur. Por violar el edicto contra el duelo, cuatro meses en los regimientos fronterizos.
  »Para Olivier d'Arzac. Por violar el edicto contra el duelo, dos meses en los regimientos fronterizos, ya que entiendo que fue provocado por los miembros de los Mosqueteros del Rey. Aún así debió ser más fuerte su actitud que la provocación.
  »Espero que sea la última vez que la sangre francesa es derramada por franceses. Me repugnais, Jean Monfort, y no me atrevo a llamaros caballero en público, porque no creo que merezcais tal honor. He terminado.

Dicho lo cual, Su Eminencia volvió a sentarse, cediendo la palabra a Guillaume du Foix, defensor de los Mosqueteros acusados.

  -Como vuestras Excelencias los miembros del Tribunal sabrán, mis defendidos, los Mayores Pierre Chardin y Jean Monfort, de los Mosqueteros del Rey, han sido acusados de romper el Edicto contra el duelo de Su Eminencia el Cardenal Richelieu. Omitiré mis opiniones sobre el Edicto, así como de su manera de hacerlo cumplir y su utilidad. Me centraré en los hechos.
  »Situémonos. Una fría noche de Febrero. Un club. Dos amigos. Entran acompañados de una dama para pasar una velada agradable y tranquila, lejos del bullicio del cuartel, para tratar temas personales y del Regimiento que ambos comparten. Entre las risas propias de una reunión entre amigos, uno de ellos suelta una broma. El Chevalier d'Honneur Jean Monfort comentó al Chevalier d'Honneur Pierre Chardin una broma sobre una pequeña mascota que hemos adoptado los Mosqueteros, un lechón, y sobre que algún congénere suyo andaba por el local. No señaló, no insultó a nadie, sólo bromeó con su amigo. Sin embargo, un soldado del Regimiento de la Guardia del Cardenal, que según se puede demostrar llevaba tiempo en el local, bebiendo y festejando, saltó. Increpó e insultó directamente a mis dos defendidos. La dama Isabel d'Artois, que disfrutaba de la velada con los Guardias del Cardenal rogó a todos que no salieran a la parte de atrás. Pero el insulto que recibieron mis defendidos había sido lanzado y recibido.   »He aquí la cuestión, ¿qué hacer ante tal situación? ¿Ignorar el insulto y permitir que se considere que los Mosqueteros no saben defender su propio honor? Si eso se hiciera, no serían dignos soldados de Francia, pues si no pueden defender su honor no podrán defender el del Rey y el de Francia.   »Poco debo añadir a lo sucedido en el callejón de lo que aquí se ha contado. Se iniciaron dos duelos simultáneos. En el primero de ellos, Pierre Chardin fue herido por Oliver d'Arzac, y como buen soldado y sabiendo que había sido superado, se rindió. Fue un duelo a primera sangre, d'Arzac aceptó su rendición y vieron como se desenvolvía el siguiente duelo. El otro duelo no se desarrolló del mismo modo. Según me ha relatado su propio protagonista, Achille Gallas no aceptó rendirse al recibir la primera estocada que hacía blanco de Monfort. ¿Debía el acusado bajar la guardia y rendirse él en un duelo que había ganado? No, siguió combatiendo esperando dar una estocada mejor y que Gallas comprendiera que había perdido. Sin embargo, tal estocada resultó fatal. La estocada que hubiera herido a Monsieur Gallas y le hubiera hecho recapacitar sobre su rendición, se convirtió en mortal por el propio impulso que el Guardia del Cardenal llevaba, él mismo se clavó en el rapier del Mayor Monfort. Aún hubo un tercer duelo, que siguiendo el honor del primero se resolvió a primera sangre.
  »He aquí pues lo que concluyo:
  »Pierre Chardin y Jean Monfort han sido acusados de romper el Edicto contra el duelo. Cierto es que lo rompieron, pero no de
motu proprio, si no bajo los insultos de un grupo de Guardias del Cardenal. Dado este hecho, que si bien no les exime de la culpa la hace algo más comprensible, pido que se condene a mis defendidos a un servicio obligatorio en el frente de guerra, donde pagarán el crimen que se les imputa defendiendo el honor de Francia contra nuestros enemigos. La duración del castigo lo dejo a manos del Tribunal.
  »A Jean Monfort se le acusa además de asesinato, pero dado el carácter de los hechos relatados, no se puede considerar tal. Su oponente no se rindió según un duelo a primera sangre dictamina. Por tanto se trata de un homicidio involuntario. Por ello pido que su condena anterior, sea cual fuere, sea incrementada hasta que pueda pagarle una indemnización a la viuda (o la madre si no estuviere casado) de monsieur Achille Gallas. Queda a manos del Tribunal la cuantía a pagar, pues no me veo capaz de poner precio a una vida.

Hubo también un alegato de la defensa de Olivier d'Arzac, que desafortunadamente no ha llegado a nosotros a tiempo de incluirla en esta crónica, y se pasó a continuación a las declaraciones de los testigos. La primera, la de Henri Daralan, muy breve. Éste declaró que el motivo de la disputa fue debido a las diferencias regimentales entre los Mosqueteros y los Guardias del Cardenal y la muerte de monsieur Gallas se produjo en uno de esos duelos. Henri Daralan también hizo notar que los mosqueteros aparecieron intencionadamente en una fiesta en la que se sabía habría guardias del Cardenal.

En cuanto al testimonio de Jean-Louis de Faverolles, fue algo más extenso:

  -Mi nombre es Jean-Louis de Faverolles, tercer hijo del marques de Faverolles y procedente de Orléans. Actualmente mandó el segundo escuadron de los gloriosos Carabineros de la Reina como Mayor del Regimiento. La noche de los hechos había citado para tomar una copa a mi amigo Henri Daralan, Teniente Coronel de los Coraceros del Principe de Condé y a su bella dama, Isabel d'Artois, en mi club, les Chasseurs. Al entrar en él vimos a tres guardias del Cardenal, messieurs Valmont, d'Arzac y el fallecido Gallas, los que amablemente se unieron a nosotros. Como Isabel no había traido a las damas que prometió, decidí bromear con ella hablando todo el rato de mi guardia, ante la diversión de los guardias del Cardenal que intentaban que me uniera a la suya. La velada por tanto iba por el mejor camino hasta la llegada de dos Mosqueteros, los caballeros Chardin y Monfort. En ese momento Valmont había salido al excusado y los comentarios se cruzaron entre las parejas que quedaban. No hubo mucho más que decir y se salió fuera, ejerciendo M. Daralan y yo mismo como padrinos de los duelos.
  »Se batieron por un lado Pierre Chardin contra Olivier d'Arzac, con victoria del guardia del Cardenal por una herida sin importancia. El otro duelo, sin embargo, fue mucho peor. Jean Monfort tenía una habilidad superior con la espada y aprovechó las ganas de Achille Gallas para ir debilitándole con pequeñas heridas, hasta que pudo herirle de muerte. Si era éste su objetivo o no, supongo que no, pero ciertamente creo que no hizo mucho para evitarlo y que se alegró de hacerlo. Por último d'Arzac derrotó al mosquetero y conteniéndose no dio pie a un baño de sangre. En mi opinión solo tuvimos otra muestra más del legendario odio entre los Mosqueteros del Rey y la Guardia del Cardenal, guardando las elementales reglas de un duelo y batiéndose en igualdad de condiciones. Por tanto no creo que se deba y pueda acusar a M. Chardin de asesinato. Aunque no es de mi competencia juzgar estos casos.

Preguntados los acusados si deseaban añadir algo a las declaraciones que habían hecho previamente, sólo Pierre Chardin, Ch. d'H. se levantó:

  -Excelencias, lo único que hice fue defenderme, y por ello estoy malherido. áLa muerte del miembro de la Guardia del Cardenal es un desafortunado accidente, del que mi compañero Mosquetero no tiene ninguna culpa. Sólo nos defendimos del ataque del fallecido.

Tras lo cual, el Ministro de Justicia pronunció lacónicamente la frase habitual en estos casos:

  -Queda visto para sentencia.

Segunda semana

Tras la formalidad y gravedad del juicio, una de las animadas reuniones de Parrot puso el contrapunto a la semana anterior. Asistieron Clément du Cazotte, Frédéric Dupont, Guillaume de Foix con su dama Georgette, Henri Daralan, Jean-Baptiste Le Rond, Ch.d'H, Jean-Louis de Faverolles, Joseph LemaŚtre, Marcel du Calais, Philippe Valmont, Sevère de Montmorency y, por supuesto, el organizador y alma de la fiesta Jean Parrot. En "Le Capraud et l'Apricot" todo eran risas y jolgorios. Parrot hizo preparar una suculenta cena que fue la delicia de todos los comensales: lechón asado, guarnición suculenta, huevos de codorniz, hogazas de pan recién horneado, abundante vino... todo lo que un buen paladar desearía degustar amenizado por una pequeña orquesta que contribuyó al ambiente distendido de la velada. Tras la opípara cena, que se alargó hasta medianoche, el festejo cesó y todas las miradas se posaron en Jean Parrot. Éste, tornando su eterna sonrisa burlona en una mueca de seriedad y saliendo de su asiento, se dirigió hacia el centro de la sala de banquetes.

  -Amigos míos... una vez acallados los rugidos de vuestros estómagos es hora de acallar los lamentos y gemidos que vuestras dudas y temores generan, ¿no lo creéis así, Vuestra Eminencia? Estáis aquí, casi todos, para saber qué es La Cofradía de la Caridad, para saber qué hago con ella y para descubrir qué fines persigue y qué motiva su existencia... y pretendo cumplir sobradamente vuestros deseos. Bueno, yo no... ...lo harán ellos.

A un gesto de Parrot, la orquestina cesó en su labor, se hizo el silencio y ante el asombro de los presentes cuatro figuras avanzaron hacia el centro de la estancia, junto al caballero. A una invitación del marsellés, un viejo veterano de guerra empezó a hablar:

  -Señorías, perdí el brazo y la pierna en el frente, y con ello toda posibilidad de ganarme la vida de una manera decente. Antes podría sobrevivir de la caridad de la gente o mediante pequeños hurtos, pero con tantas campañas militares y tantos mutilados malviviendo en las calles ni eso es posible ahora... suerte de Fray Pierre Duval y su obra póstuma, o ya haría meses que hubiera muerto de hambruna.

La mujer, tomando un trago de vino ofrecido por el marsellés, también dijo la suya:

  -Hombres... -mirándolos a todos-, cuando era joven, bella y frecuentaba el Sena no teníais reparo en pagar mis favores, ahora ya no me deseáis e incluso el jefe de una de vuestras patrullas de moralidad me quitó los ahorros de mi vida después de abusar de mí y escupirme a la cara por ser lo que soy. De qué podría vivir ahora si no fuera por la buena obra de ese Fray Pierre Duval, que Dios lo tenga en su gloria?

La pequeña niña, sucia y andrajosa, se acercó a Parrot. Este la aupó en brazos y dirigiendose a los presentes explicó:

"Ved a esta niña, damas y caballeros... la recogí en la ribera del Sena no hará ni dos semanas, muerta de hambre y tiritando por el frío... Por lo que sé su padre murió en la guerra y su madre desapareció una noche cuando fue al Sena a buscarse la vida... Si no fuera por "La Cofradía de la Caridad" ahora yo tendría en brazos a un cadaver.

Mientras Parrot dejaba a la sonriente niña, tomó la palabra nuevamente. Dirigiendo la mirada a todos los presentes prosiguió su discurso:

  -Ya veis, mes amis, que no todo reluce tanto como los inconscientes pretenden hacer creer y que, lejos de solventarse, la situación de nuestros necesitados empeora día a día. Por eso la "Cofradía de la Caridad" vuelve a funcionar, para ayudar un poco en la medida de lo posible a los necesitados que mueren de hambre en nuestras calles. Una pequeña ayuda es muy importante. Por ejemplo, el generoso donativo que Jean-Louis de Faverolles entregó a la Cofradía hace un mes ha servido para que varias decenas de famílias desprovistas de esperanza, puedan vivir una semana más sin miedo a la hambruna. ¿Qué otros motivos puede albergar dicha Cofradía sino son los de alimentar al hambriento? ¿Qué otros objetivos puede perseguir la Cofradía sino son los que todos anhelamos en nuestro corazón al escuchar estos testimonios? Caballeros, no veamos fantasmas allí donde sólo hay buenas obras y mejores intenciones. He recogido el guante que dejó Fray Pierre Duval tras su muerte y pretendo, con él, desafiar al infortunio que nos atenaza siguiendo su obra e intentando hacer sus sueños realidad. Quizás sí que la sombra de un gran mal oscureció el brillo de la Cofradía de la Caridad en sus inicios hace años, pero no otra vez mientras yo la dirija... tengo un proyecto que llevar adelante y lo haré cueste lo que cueste.

Tras lo cual, volvió a alzar su copa y gritó: "¡Todo el mundo a beber!"

Tercera semana

De nuevo, reunión en Le Crapaud et l'Apricot. Y de nuevo, entrega de rapiers a la puerta para recuperarlos a la salida. De Foix y Valmont, algo irritados cada uno por la presencia del otro, consintieron solamente en entregar sus rapiers cuando se aseguraron de que el rapier del rival también estaba en manos de los porteros. Cuando ambos entraron en el salón, juntos y hombro con hombro porque ninguno quiso ceder el paso al otro, Parrot comenzó uno de sus célebres discursos:

  -Caballeros, nos hemos reunido aquí para suavizar las tensas relaciones existentes entre Mosqueteros del Rey y Guardias del Cardenal, aunque de todos es conocida la ancestral rivalidad que une a estos dos magníficos regimientos. A estas alturas, discutir sobre qué regimiento atesora más valor, más apostura, más gloria acumulada es una verdadera pérdida de tiempo... sobre todo, cuando todo el mundo sabe que los Cazadores de Montaña son los más valerosos, más apuestos, más viriles y más gloriosos, aunque su esperanza de vida sea menor. Por eso, caballeros, matarse en legítimos duelos de honor regimental para decidir quién come el polvo que los Cazadores levantan a su paso parece ser la menos acertada de las posibilidades. ¿Alternativas? íClaro que sí! ¿Sin rapiers deberemos batirnos con cucharas y tenedores? íClaro que no! íBebamos, juguemos y bailemos! ¿Maestro, señoritas?

A un gesto de Parrot, la orquesta, silenciosa hasta ese momento, ejecutó una alegre tonada marsellesa mientras las famosísimas bailarinas turcas que siempre convocaba Armand De la Fère hacían acto de presencia para deleitar a todos los asistentes con sus gracias y cualidades.

De Su Excelencia el Ministro de Justicia de Su Cristianísima Majestad Luis XIII
Para General Conocimiento
En nombre de Su Majestad, y tras haber examinado cuidadosamente los hechos relativos a la muerte de Achille Gallas, este Tribunal debe imponer e impone las siguientes penas a los que han sido considerados total o parcialmente responsables de los hechos:
  -Para Jean Monfort, Chevalier d'Honneur. Por violar el edicto contra el duelo y asesinar a sangre fría a Achille Gallas, seis meses en los regimientos fronterizos con la suspensión temporal de su rango durante el mismo periodo. Asimismo, se sugiere al Coronel de su Regimiento la degradación de rango, aunque este Tribunal carece de jurisdicción para aplicar tal medida.
  -Para Pierre Chardin, Chevalier d'Honneur. Por violar el edicto contra el duelo, cuatro meses en los regimientos fronterizos.
  -Para Olivier d'Arzac. Por violar el edicto contra el duelo, un mes en los regimientos fronterizos y uno de ejercicios espirituales y meditación, ya que este tribunal entiende que fue él la parte provocada. Los ejercicios espirituales irán orientados a incrementar en el acusado la santa virtud de la templanza.

Dado en París, a veinte de abril del año de Nuestro Señor Jesucristo de mil seiscientos veintinueve.
El Ministro de Justicia
[firma]

Cuarta semana

  -¡¡¡¿¿¿UN QUÉ???!!!

Su Eminencia Cardenal Du Heyn se levantó, y la gruesa mesa de madera de palosanto, que en su día había necesitado de cuatro lacayos para entrarla en el despacho, crujió sordamente. Los ya célebres momentos de furor del Ministro de Estado son, como todos sabemos, tan espectaculares como temibles.

  -Un duelo, vuestra Eminencia- Jean-Baptiste Le Rond, Ch.d'H se iba haciendo cada vez más pequeñito ante la imponente presencia del Cardenal-. Henri Daralan me ha rogado que le excusaseis por declinar vuestra amable invitación porque tenía un duelo, pero no os sulfuréis porque se...

  -¡¡¡¿¿¿QUE NO ME SULFURE???!!! ¿SABÉIS LA AFRENTA QUE ESTO SUPONE? ¡Y TIENE LA DESFACHATEZ DE PEDIROS QUE ME LO COMUNIQUEIS ASÍ, CON TOlivier d'Arzac NATURALIDAD! ¡GUARDIAS! ¡UN PELOTÓN, QUE ME SIGA! ¡NO! ¡QUE ME SIGA TOlivier d'Arzac LA COMPAÑÍA! Hecho un torbellino, la capa púrpura agitándose al viento, Su Eminencia atravesó la puerta principal de su palacio seguido por los efectivos de su guardia que se encontraban de servicio en ese momento, recogiendo y colocándose atropelladamente sus equipamientos.

Quedándose solo, Jean-Baptiste Le Rond, Ch.d'H se encogió de hombros, se arrellanó en un butacón, llamó a un lacayo y se dirigió a él en estos términos:

  -En vista de que tu amo no me ha hecho seguirle, ni me ha dado venia para marcharme, debo esperarle aquí. Tráeme algún vino para entretener la espera, y que sea bueno, si no quieres que tu augusto señor incurra en una grave falta de hospitalidad.

Oído lo cual el criado, más rápido que inteligente, corrió a cumplir el encargo. Pasó una hora aproximadamente, y se oyó retronar la voz del Cardenal Du Heyn desde el primer piso, entrando por la entrada principal y subiendo las escalinatas:

  -¡VERGONZOSO! ¡NUNCA EN MI VIDA ME HABÍA SENTIDO TAN RIDÍCULO! ¡LEROND!-aquí el cardenal llegó a la antesala de su despacho e irrumpió en la misma, donde Jean-Baptiste Le Rond, Ch.d'H, arrellanado en un butacón, degustaba un excelente Bordeaux-¡ME DIJISTEIS QUE DARALAN SE ESTABA BATIENDO EN DUELO!

  -Y así era, Eminencia. Pero salisteis a escape y no me dejasteis acabar. Si hubieseis tenido solamente un poquito más de paciencia, habría podido concluir y explicaros que se trataba de un duelo etílico, compitiendo con Jean-Louis de Faverolles para ver quién aguanta más la bebida. Y es que la precipitación nunca es buena, Eminencia...

Mientras esto ocurría, dos figuras semidesparramadas sobre una mesa de Chasseurs y rodeadas de botellas vacías mantenían, mediante un ímprobo esfuerzo de sus perjudicados cerebros, el siguiente diálogo:

  -Osssshhhe, ¿du sabes a gé ha venido Du Jein?

  -¡Yo gé ssssé! Cosas dde carden... dde canden... dde garden... dde gaden... ¡Bbueno, DE CURAS!

NOMBRAMIENTOS HABIDOS ESTE MES


CARGOS PARA EL MES DE MAYO

                                                 N.S.     Quien
         Cargo            Requisitos            minimo    nombra
----------------------- ----------------------  ------  ------------
Aides de Division       Teniente Coronel           4    Jefes Divis.


CARGOS PARA EL MES DE JUNIO

                                                 N.S.     Quien
         Cargo            Requisitos            minimo    nombra
----------------------- ----------------------  ------  ------------
Ministro de Ciencias    Brigadier o Baron           10    Min.Estado

NOTAS DE LOS ÁRBITROS

Bueno, poco que decir este mes. Los habituales agradecimientos, este mes a Enric y a Rafa, y en general a todos los del juicio, por sus contribuciones a la crónica.

El plazo de entrega del próximo turno finaliza el viernes, 2 de junio de 2006, a la medianoche (hora española peninsular).

¡Hasta pronto!

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